LA HISTORIA NO ES EL PASADO, PORQUE TRANSCURRE HOY .
El Museo Itinerante del Barrio de la Refinería, las Jornadas de Cronistas e Historiadores Barriales y el Museo Virtual están declarados de Interés Cultural por la Secretaría de Cultura de la Municipalidad de Rosario y el Honorable Concejo Municipal.
Personería Jurídica Otorgada por Resolución Nº325 del año 2010.
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martes, 17 de enero de 2012

ARENALES

La actual Cortada Arenales es una de las calles más antiguas de Refinería. Es una calle extraña, porque se “quiebra” al cruzar Francia, y fue calle de acceso para numerosas viviendas, podría ser incluso antes de la instalación de la Refinería.
En un plano de 1899, firmado por el ingeniero Juan Bosco, de Obras Publicas de la Municipalidad del Rosario, la cortada –sin nombre- aún no aparece consolidada, sino dibujada con trazos que indican su carácter precario. El nombre Vignale nunca fue oficial: la ordenanza no lo menciona, y posiblemente provenga de algún vecino del lugar, incluso previamente a la instalación de la Refinería.
Mediante la Ordenanza Nº 3 de 1905, la cortada Vignale (Vignales o Viñale, en algunos documentos) pasó a llamarse Antonio Álvarez de Arenales.
El aislamiento urbanístico causado por el ferrocarril (con sus típicos paredones) y el río, daban al barrio un carácter propio.
Allí, la Refinería Argentina de Azúcar, inaugurada en 1889, era la más moderna industria del país (aunque no la única)  y obviamente necesitaba disponer constantemente de mano de obra, un suficiente “ejército de reserva” que implicó una cierta concentración poblacional.
El censo de 1910 muestra que en las manzanas aledañas a Arenales había una fuerte densidad poblacional. Quizás esas manzanas eran elegidas para vivir por su cercanía a la fábrica y los talleres y probablemente había una población obrera socialmente diferenciada. La inmigración europea –también reflejada en el censo- hacía de la cortada Vignale un lugar cosmopolita. En todo el Barrio de la Refinería vivían italianos, españoles, ingleses, austriacos, sirios, polacos, yugoeslavos, checoeslovacos e ingleses. Debe tenerse en cuenta que un 30% de la mano de obra de Rosario, de calificación media o baja, trabajaba en el puerto o en actividades vinculadas a la producción.
Esta presencia de inmigrantes daba seguramente a la calle de dos cuadras un aspecto hoy irreconocible, ya que se calculan hacia 1910 unos 1500 vecinos, de los cuales aproximadamente un 70% eran inmigrantes.
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La cortada como hábitat
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Para albergar esta población, en la cortada (inicialmente de tierra) se podían observar casas sencillas de frentes lisos, casas de chapa y varios conventillos que se ubicaron en la cortada, formas de resolver el problema de la vivienda (ver plano del ing. Thedy, a la izquierda).
Uno de estos conventillos albergaba la primera escuela del barrio, de 1895, la Escuela de Refinería, Escuela Refinería o la Escuela de Misia Nina. Su ubicación original es incierta, pero se sabe que en 1906 concurrían 84 niños y 104 niñas, una portera y dos docentes. Luego llamada Escuela Nº 72 Juan Bautista Justo, fue abierta y dirigida por Saturnina Olmos como “Escuela de 6ta. Categoría” y era inspeccionada frecuentemente por Gabriel Carrasco. Era gratuita y para los numerosos hijos de obreros.
Los bares eran un rubro importante en la vida comercial del barrio. En la esquina con Vera Mujica, el Bar de Pastoriza, que aún se conserva y funcionó hasta la década del 70 con una clientela compuesta por obreros, marineros y estibadores.
La cortada estaba cercada por las grandes montañas de carbón de la Carbonería Wilson, y los depósitos de la fábrica de alcoholes Soler, demolidos recién en los años 90. La línea ferroviaria que empalmaba con la Estación Embarcaderos, cruzaba hacia el este de Vera Mujica, aunque sin cruzar la cortada. En 1946 se estableció en ese sector la Arenera Cid, con grandes silos areneros de hormigón y hierro.
Avanzado el siglo XX, Arenales era el centro obligado de las comparsas de Carnaval, entre ellas la de los míticos Negros Escoberos, de borrosa existencia. De este grupo se posee un recuerdo importante en el barrio, sea por pintoresquismo o su supuesta peligrosidad, asegurándose que se convocaba cada carnaval en Arenales y Vera Mujica. Luego se marchaba al Carnaval del Barrio Talleres y por Avenida Alberdi se marchaba para la obtención de premios.
En el espacio entre Francia, Arenales y Vera Mujica, se instaló, en 1933 el Club Numancia, nombre vinculado a una tragedia naval española. Con los colores españoles, su sede estaba en el 282, y constituía un club muy popular entre los inmigrantes. En Arenales, cruzando Francia, hacia el sur, estaba la cancha de Vélez Sársfield, activo en los años 40 y 50.  
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Las carencias del "barrio bajo".
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En el área ocurrieron seguramente hechos delictivos, peleas a cuchillo e incluso la muerte en 1911 de un capataz de la Refinería que le negó la entrada un obrero que no dudó en apuñalarlo. A pesar de nombres “románticos” como la Barcelona Argentina, por estos hechos –reales o míticos- se conoció su entorno como “El Barrio de la Puñalada”.

Al poblarse la calle, los desagües provisorios cruzaban las veredas por doquier. La cortada poseía dos zanjas laterales para la lluvia y los líquidos cloacales. Unas lajas en cada esquina permitían el cruce, cuando la calle se tornaba intransitable. En una revista “Plumazos” de 1938, puede leerse que:
“Penetrando por la cortada Arenales desde Iriondo hacia el este, puede observarse un inmenso caserío compuesto por covachas construidas con lata, maderas y otros materiales, las que se alzan sin orden ninguno entre pequeños canales de desagüe llenos de aguas corruptas”.
A los efectos, se solicitaba al Intendente Miguel Culaciatti (arriba, izquierda) “el riego con creolina de las calles de tierra” para la prevención de los “focos infecciosos”.
Los comunes carros a caballo de la época dejaron, en uno de esos cordones, una argolla para atarlos, vestigio casi arqueológico de la década del 30 y testimonio de costumbres casi olvidadas, donde la cortada era uno de los accesos a la ribera portuaria.
Algunos vecinos incluso recuerdan un viejo y enorme ombú, casi obstaculizando el paso, en Vera Mujica y Arenales, o la frondosa arboleda de eucaliptos y álamos que poblaban la zona, señalando la cercanía de la antigua Estación Embarcaderos, y que se visualizaban a lo lejos.
En los años 60, durante la intendencia de Rodolfo Bercovich (foto de la derecha) se derribó un tapial que cerraba la cortada en su encuentro con Thedy. La callecita era todavía de tierra con cordones de piedra, y el intendente prometió a los concurrentes al acto de demolición que pavimentaría la cortada, cosa que finalmente se hizo. (imagen: gentileza Mochi Vázquez)
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Los años 90
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Es de notar que desde los comienzos, las familias más adineradas (Negri, Rezzoagli) se ubicaron en las cercanías de Vélez Sársfield e Iriondo, con sus comercios, quedando Arenales como un arrabal. Hasta hace relativamente poco se consideraba a “Arenales al fondo” como una calle degradada materialmente y con una población humilde; el cierre de la Refinería en 1930 dio paso a nuevas formas de trabajo, sus obreros pasaron a ser trabajadores del puerto, y el barrio se consolidó, sin perder su esencia obrera. Al transformarse en un sector de clase media se aludía siempre a la cortada con cierto desprecio... Sin embargo, los pobladores de la cortada eran tan trabajadores o de clase media como los del resto del barrio. La memoria del "barrio bajo" continuaba.
Un barrio construido en 1994 conjuntamente por el Plan Arraigo y el Servicio Público de la Vivienda fue posible al desafectar terrenos ferroviarios en este último sector. Se modificó así la impronta del sector, incorporando casas unifamiliares estandarizadas y repetitivas, en lugar de las viejas casillas de chapa que describía la revista Plumazos en 1938.
Desde fines del siglo XX y en este siglo, el lugar cobró un pintoresquismo que poco tiene que ver con la verdad histórica.
Bares y restoranes –algunos de vida rumbosa, pero bastante efímera - combinan tango, inmigración, obrerismo, huelgas heroicas, prostitución y mafia, en versiones edulcoradas que soslayan el aspecto original, bastante poco atractivo culturalmente.
Desde 2005, una serie de proyectos en curso transformaron totalmente el sector. La vieja cortada Vignales, en su tramo hacia el río físicamente casi ha desaparecido, al demolerse las viviendas, aunque no la traza, que continúa modificada en su ancho.
Curiosamente –o no tanto- el barrio se ha poblado de obreros que trabajan en las obras de los edificios de lujo. La historia se repite, y como en el siglo XIX, las empresas poderosas requieren que los obreros estén cerca de la obra, alquilándole piezas por dos o tres años.
La vida obrera, ahora vinculada a la construcción, ya no generó una calle.
Hoy no es necesario, ni posible.

Fuentes:
Museo Itinerante del Barrio de la Refinería.
Museo Virtual del Barrio de la Refinería. http://museo.refineria.blogspot.com
Historia del Futbol de Rosario http://histofutbolrosarino.blogspot.com/
Terrazzino, Salvador A. y Píccolo, Eduardo A. ¿Remember, Refinería? Ed. Pompeya, Rosario, 2002.
Armus, Diego y Hardoy, Jorge. Vivienda urbana y crecimiento urbano en el Rosario del novecientos. En: Revista Eure Nº 31. 1984.
Revista Plumazos, NNVV.
Cuerpo normativo oficial. Municipalidad de Rosario.

sábado, 1 de agosto de 2009

¿PORQUE AQUI LA REFINERIA?

Para ubicarse en las intenciones de Tornquist en la elección del lugar de instalación de la fábrica, hay que observar las características del lugar. Arriba vemos una foto con la ubicación de la Refinería hacia la década de 1930, donde podemos apreciar algunas intenciones sobre todo geogràficas e históricas.
Toda el área que se extendía desde el arroyo Ludueña hasta casi la actual avenida Francia era vista, desde los tiempos lejanos de la Confederación, como un sector fabril de la ciudad.
Los antecedentes son varios.
Rosario se configura en 1860 como puerto de la Confederación, y si bien esta condición no influye inmediatamente el la zona norte, sí promueve un rol específico para toda la costa.
Inicialmente, la presencia de estancias en la zona, como la del Arroyito, que dieron origen a otros emprendimientos fabriles, aunque muy vinculados a
la ganadería. El Saladero 11 de Septiembre, del General Justo José de Urquiza, utiliza lo más moderno en las técnicas de procesamiento de la carne, pero con objetivos antiguos, puesto que la carne salada era consumida masivamente en países como Brasil y Cuba, y el mercado interno podía abastecerse con la producción artesanal. La fábrica de carne salada de Urquiza producía cueros, molienda de huesos y tasajo; pero estas manufacturas agregaban poco valor al producto. La directa derivación de esta mentalidad intermedia entre una producción artesanal y una producción masiva está enmarcada en lo que será el comienzo del modelo agroexportador que se extiende aproximadamente hasta 1930.
Como dice Tomasini en la revista Historia de Rosario Nº 34, "con la creación del Saladero 11 de Septiembre, Urquiza contribuyó al propósito inicial de fundar un polo de desarrollo capaz de descentralizar la economía porteña". En realida
d, antes que “descentralizar”, Urquiza veía la posibilidad de fundar una economía (pre) capitalista en el país, independiente de la porteña, y que insuflara vida a la Confederación, o sea la país del interior.
Otra vinculación entre la zona y la industria es la gran Exposición Industrial que realiza el Gobernador Manuel Gálvez en 1888, un año antes de fundarse la Refinería.
Esta exposición, en el predio de la vieja estancia El Arroyito, señalaba la identificación que se hacía en las iniciativas político - económicas entre geografía y producción.
Esta exposición era una muestra de la industria inicial santafesina. Productos de manufactura tosca y resistente, adaptados al agro, máquinas en general de formatos pequeños, basadas en la difusa frontera entre el taller y la fábrica. “Industria”, incluso en el vocabulario cotidiano, significaba tanto fábrica como labor manual.
El ferrocarril delimitaría también un adentro y un afuera de la ciudad. Como dice la arquitecta Isabel Martínez de San Vicente en su trabajo “El espacio colectivo urbano como fundamento de los procesos de recualificación urbana”, "el ferrocarril planteó al llegar a Rosario la necesidad de una curva destinada a acceder a la costa y al puerto, sorteando la ciudad construida de la época: esto se constituyó en el gesto fundacional de un verdadero límite al norte de la ciudad, ya que de allí en más, toda expansión urbana hacia el Norte surgió del otro lado de los terrenos ferroviarios".

La presencia de conocidos inversionistas en tierras estaba también configurando el territorio.
Manuel Arijón, por ejemplo, es un hábil comprador de tierras, que enajena numerosos terrenos a los viejos propietarios de las “lonjas”. Las ventas están resueltas de manera urbana en la época, resolviendo la vieja puja entre la herencia española y las nuevas tendencias urbanas, favoreciendo los loteos menores. Luego, Arijón venderá ya en el siglo XX tierras a la Refinería Argentina. En un libro impreso con motivo del Centenario, que posee el Museo, en 1916 un cronista que narra la vida de Arijón recuerda las críticas hechas a don Manuel por esas compras, que luego delataron su espíritu comercial, de "fina sensibilidad" para la ganacia.
Con el correr del tiempo, se establecen almacenes y muelles en toda la costa rosarina, sobre todo hacia el sector norte, en una expansión constante. No solamente la zona norte de Rosario – hasta aproximadamente avenida Francia – se ve como la natural expansión portuaria, sino que es un complejo sector que abarca la expansión ferroviaria con los grandes talleres y los lugares aptos para colocar barcos de gran calado. Es la ventaja del río navegable y sin aduanas interiores.
Es en este marco “evolucionado” que Tornquist planifica su fábrica.
El museo posee documentos que son previos a la Refinería, donde puede verse el establecimiento de una población original, algunos pobladores tal vez residentes desde la vieja época del Saladero
, obreros de los muelles particulares, empleados y changarines de almacenes y depósitos, dieron forma a una población demográficamente señalada. En un viejo plano de 1888, aparecen casas, conventillos, galpones y algunas viviendas muy aisladas, referentes gráficos de una población al parecer estable.
Otra de las condiciones es estrictamente política. Tornquist es un “amigo del poder”. Su forma de hacer negocios no se separa de su forma de hacer política, y es evidente la solidaridad de ambas esferas. La idea de producir antes de exportar –y no dedicarse a la simple extracción primaria – debió ser considerada un buen negocio, pero siempre dentro del marco agro exportador. Esta idea se vinculaba con la idea de progreso técnico, distinto a las “luces” del siglo XVIII, y más relacionada con el concepto de civilización. La “industria” era una forma de civilización, y la noción de naciones “industrializadas” era sinónimo de “civilizadas”. Esta forma política tenía pocos adeptos en Buenos Aires, pero era esencial en Europa de la Segunda Revolución Industrial, de donde paradójicamente se copiaron los modelos. La política de Roca proponía abrir mercados a los granos y carnes, pero no impedía la producción industrial, simplemente, la ignoraba. A modo de ilustración, en la Exposición del Centenario se verán costosos pabellones agrarios, económicamente “un desperdicio”, mientras que los pabellones industriales recuperaron los gastos mediante la gestión comercial.
Finalmente, y de vuelta al barrio, debemos considerar como se relacionaba Rosario con el interior del país.
Viejos documentos del Museo (facturas, libos de cuentas, polizas de seguro) demuestran la vinculación de Rosario con Tucumán y con Río Cuarto en 1876, lazos sobre todo financieros. Y Buenos Aires repetía, a nivel nacional, la forma de centro – periferia internacional con las ciudades del país, adjudicando roles específicos, y lo mismo hacía Rosario con su “Hinterland”, en un formato de anillos más o menos concéntricos.

Varias condiciones –un ambiente geográfico / urbanístico favorable, el contexto económico político "especial"; una infraestructura en expansión, y una población incipiente en incremento, como mano de obra inmediata- deben haber configurado la elección del lugar.
La Refinería se construyó a partir de 1887, siendo autorizada la instalación de la empresa Sociedad Anónima Refinería Argentina, por Ley N º 1911 del Estado nacional, en noviembre de 1886. Su puesta en marcha es del año 1890.
Luego vendrían las nuevas líneas ferroviarias, las construcciones portuarias de la fábrica, la conformación paulatina del barrio obrero.
Pero la elección del lugar en 1886 – centro de salida de la producción – fue tomada racionalmente, de acuerdo a pautas de estrictos intereses comerciales.
El capitalismo dejaba su marca en el territorio, sólo que a través de varios agentes. Todos ellos (Urquiza, Arijón, Tornquist…) contribuyeron a formar la ciudad, tal como la conocemos hoy.
Hoy día, las características heredadas de esas épocas se sumaron a otras como el abandono y la marginalidad urbana, configurando el "Síndrome del Paredón", el aislamiento que recuerdan tanto los vecinos.
En movimientos urbanísticos con un alto grado de oportunismo, a principios de este siglo se utilizaron en una acciòn conjunta ehtre los gobiernos y los empresarios, terrenos que el Estado abandonó, y se los combinó con los terrenos privados. Lo que se pago con dinero del estado, vuelve a manos privadas, como uso directo o indirecto. Un día, ya no podrá disfrutarse del río si no se posee un piso exclusivo.
El Barrio Refineria sigue siendo atractivo, aunque para otros usos. las lanchas y yates reemplazaron al barco triguero.
Aunque ha pasado el tiempo, La Refinería sigue atrayendo a la gente: a los ricos, para la explotación; a los pobres, para ayudar a realizarla.
Aunque no son los obreros, sino los patrones, los que usan la tierra, claro.
Porque para coprarse un piso en La Refinería, un obrero deberá trabajar 80 años, por supuesto que sin comer. En 1889, debería trabajar sólo 72 para comprarse la fábrica.
¿Habrá cambiado algo en 120 años?
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Un articulo intersante sobre la zona norte de Rosario se puede leer en:
http://www.ub.es/geocrit/b3w-290.htm
(LA EVOLUCIÓN URBANA DE PUERTO NORTE. DESARROLLO DE UN ÁREA INDUSTRIAL DE LA CIUDAD DE ROSARIO, ARGENTINA. De Marina Sánchez-Pombo)

miércoles, 4 de julio de 2007

EL ORIGEN ECONOMICO DE LA REFINERIA


La aparición del capitalismo en Argentina coincide con un proceso de organización nacional. Estamos hablando de la década clave de 1870 a 1880.
Este modo de producción implicaba muchas transformaciones, al comienzo las más importantes eran unificar el territorio, y pacificar y aumentar a la población.
Dado que esta era escasa para desarrollar una economía adaptada al mundo, la decisión fue traer el mundo a la Argentina.
La máxima “gobernar es poblar” chocaba con una demografía escasa, dispersa y poco dada al nuevo sistema mundial, que consistía en la reinversión de las ganacias.
El sistema tradicional implicaba una economía de subsistencia por un lado, y de acumulación por el otro. El sistema de acumulación, transformándose, debía destruir a la otra, ya que la acumulación generaría un capital inicial para la producción capitalista, y la destrucción del sistema tradicional implicaba abrir un mercado de consumo a lo producido masivamente. De este modo, la producción capitalista implicaba una producción masiva que la economía tradicional no podía realizar, y un mercado de consumo, que la escasa demografía no alcanzaba a cuajar.
La inmigración, entonces, suponía una doble acción. Suministraría la mano de obra necesaria para el nuevo sistema capitalista, y al mismo tiempo poblaría el país, generando nuevos consumidores.
Pero ¿Qué producción?
Había una necesidad mundial de organizar el capitalismo, ya que el mercado europeo estaba saturado de productos industriales, lo mismo que de dinero, que es, a fin de cuentas, una mercancía. Esto implicaba que, para poder subsistir sin abaratar lo producido, o depreciar el dinero, debía exportárselos. Vendiendo o prestando.
Existe entonces una “tercera pata” a la introducción del capitalismo en Argentina: una necesidad del capitalismo mundial: vender productos manufacturados, comprar materias primas.
Esto implicaba que argentina debió, finalmente, adaptar su sistema económico al mundo. Esta ubicación le dejaba la producción de alimentos (materia prima), y el consumo de bienes manufacturados. El país agro exportador comenzaba en un ciclo exitoso que finalizaría en 1930.
La Refinería argentina “encajaba” con ese sistema, sólo que aunaba algunas características especiales: en vez de exportar la caña de azúcar, exportaba el producto terminado, un producto de un solo proceso, es verdad, pero esto dejaba un plus sobre la materia prima que no tenía la exportación de trigo, por ejemplo.
Ernesto Tornquist introduce este concepto, añadir un plusvalor a la materia prima, y es ese el carácter que convierte a la Refinería Argentina en la primer fábrica moderna del país. ¿porqué?
Veamos.
Los métodos “tornquisteanos” respondían a dos cuestiones:


a. reducir la competencia
b. reducir los costos de producción

Para lograr la primera cuestión utilizó la faz política, mediante facilidades en la realización del emprendimiento. Su acceso al ministerio de hacienda (era amigo de Julio Argentino Roca) permitió una de las más deseables condiciones del capitalismo: la estabilidad monetaria.
La segunda cuestión era más compleja, y para ello puso en marcha tres mecanismos:
Primero, se propuso obtener la máxima obtención de plusvalor, o sea abaratar los salarios. Para ello, supo diversificar la mano de obra y fragmentar la composición del costo salarios, controlando mejor las evoluciones del gasto.
Segundo, se propuso la optimización productiva, apelando a la tecnología en lo relativo a bienes de capital, incorporando moderna maquinaria y sistemas de producción avanzados.
Tercero, diversificando. La producción de la fábrica era de azúcar, pero eso se complementaba con la extracción de madera o la venta de sub productos como la cachaza para alimentación animal,
o el bagazo para combustible o la fabricación de papel.
Más tarde, y ya muerto Tornquist, la fábrica produciría subproductos para el mercado interno, como el Golden Syrup.
Tornquist a su vez extrapola estos métodos, invirtiendo en los “huecos productivos” del capitalismo, sobre todo en la industria liviana para consumo interno. Tal es el caso de la producción metalúrgica de enlozados (FERRUM) o de forja y estampa (TAMET); o el de producciones alternativas al agro (pesca).
La extrapolación dle método de Tornquist en otras épocas diferentes supuso el fin de la fábrica. Invertir en máquinas cuando no puede venderse lo que producen es una mala inversión, por más modernas que aquéllas sean.
La edificación de la Refinería refleja un poco ese descontrol: edificios que se construyen en forma dependiente de las necesidades sin un plan general de construcciones. Sólo las construcciones iniciales se observan ordenadas y con amplios espacios alrededor. La fábrica respondía creciendo de acuerdo a la economía, libre y sin control.
Pero en 1889, los conceptos fundamentales del industrial moderno estaban en Tornquist. Acumulación y posterior reinversión, aumento constante del plusvalor, diversificación productiva y salarial, alta tecnificación y eficiencia en las inversiones, en un marco capitalista fuertemente liberal en lo económico y conservador en lo político.
La Refinería estaba en funciones.