LA HISTORIA NO ES EL PASADO, PORQUE TRANSCURRE HOY .
El Museo Itinerante del Barrio de la Refinería, las Jornadas de Cronistas e Historiadores Barriales y el Museo Virtual están declarados de Interés Cultural por la Secretaría de Cultura de la Municipalidad de Rosario y el Honorable Concejo Municipal.
Personería Jurídica Otorgada por Resolución Nº325 del año 2010.
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domingo, 22 de abril de 2012

ARROYITO, MEMORIAS Y RECUERDOS DE UN BARRIO CON HISTORIA

El sábado 21 de abril pasado, en el Cine Lumiere y en el marco de los Encuentros Bimensuales de Historiadores Barriales, Eduardo Nadur, dio una charla sobre el barrio Arroyito.

Con una importante recopilación de fotos, artículos de diarios y vivencias personales y de los vecinos, Eduardo disertó sobre los aspectos tal vez desconocido0s del barrio de sus amores: la Exposición Provincial de 1888, el origen de las instituciones barriales, y una interesante historización sobre el puente del Arroyito.
De particular interés fue la historia del Royal Park, ubicado en los años 20 en el predio de Av. Alberdi y French, del cual hicimos un artículo, y sobre el cual aportó nuevos datos muy interesantes que desconocíamos.La imagen de Arroyito que Eduardo presentó fue una sabia mixtura equilibrada y motivante de recuerdos personales e historia, lo que permitió el aporte de los participantes, algunos de los cuales son vecinos de Arroyito.
Para terminar, Eduardo nos brindó un número de magia donde jugó y sorprendió con Los Anillos Chinos,  dado que su profesión es al de mago, con el nombre artístico de Mago Nadur.
Luego, como siempre, tomamos un café en el buffet, donde intercambiamos ideas y recuerdos, por supuesto. Sin embargo, quedaron por charlar muchas cosas, que seguramente serán motivo de otras charlas como esta.

sábado, 7 de abril de 2012

LA CANCHITA DE LOS CURAS: POROTO LANDALUCE

Han pasado algunos años pero los recuerdo todavía están en mi retina, cuando yo vine a vivir al barrio allá por 1951 con 4 años, ese lugar ya estaba, era un baldío pegado a la escuela  “Boneo”, nivelado de tal forma que sobre la calle Gorriti la tierra estaba a nivel del cordón, sobre Nelson había un pequeño terraplén donde te tirabas de panza al suelo en ese terraplén y asomando la cabeza podías ver el partido a nivel del piso de juego, sobre Santa Maria de Oro se veía la inclinación , pero la canchita estaba bien nivelada, tres lados a tres calles, del otro costado paralelo a calle Santa María de Oro estaba el paredón de la escuela, comenzando desde Gorriti, primero la pared de la antigua capilla, después el paredón continuaba hasta Nelson donde a la mitad del mismo había una pequeña puerta de madera para salir o entrar a la escuela, allí estaba la cancha de fútbol que tanto los chicos como los grandes decían , vamos a jugar o ver fútbol a la “canchita de los curas”.
Desde ese tiempo el comentario era "el año que viene no vamos a poder jugar más porque van a construir la nueva capilla" de la escuela Boneo, obra de Don Orione, capilla que llego allá por 1964 con el nombre de Capilla San Juan Evangelista.
Escuela Boneo, (nombre oficial Escuela Monseñor Juan A. Boneo), ¿qué vecino del barrio, chico o grande, no fue a ese querido colegio?
Es difícil encontrar alguno, mis recuerdos me llevan al interior del mismo, esa larga galería desde la entrada, con la dirección a un lado, hasta la ancha escalera en el fondo para subir al primer piso, la otra escalera para acceder a ese piso estaba a la par de la puerta de entrada del otro lado de la dirección, el gran patio para el recreo y los deportes, atrás, del  otro lado de los salones cuyas  entradas daban a la galería, una pequeña canchita de fútbol que también se usaba para jugar al  básquet, sobre el fondo atrás de esta canchita había un galponcito para guardar bártulos, cuya pared final daba a Nelson.
Salones amplios con ventanas y puerta al patio grande,  ventanas hacia atrás que daban a esa pequeña cancha, en uno de esos salones pase mis dos ó tres primeros años de alumno, tuve  a la inefable señorita Elba, maestra de mis primeros años, ir a la escuela para mi era muy importante, porque aprendía y con 5 ó 6 años ya era grande, iba solo a la escuela, nadie me llevaba.                                                                                           
En ese tiempo a través de la “Fundación Evita” nos  entregaban guardapolvo, cuadernos, útiles; viene a mi memoria la regla de madera de perfil cuadrado de 20 cm  que en sus cuatro cantos tenia una varilla de cobre incrustada en la madera para que aguantara  más los golpes, la caja de lápices de madera, simple o doble, con su tapa corrediza, los cuadernos con la carátula en la primer hoja para el nombre, dirección, grado y otros datos, luego el mapa de la Argentina y después la foto de Evita.
Quien en ese barrio no recuerda al querido maestro Bernal, le dio clase a varias generaciones de vecinos que pasaron por la escuela primaria, Monseñor Boneo.
Volviendo en el relato a la canchita de los curas, puedo contarles que allí durante mucho tiempo se jugaban  partidos desafíos, torneos, de grandes, de chicos, los alumnos de la escuela también la usaban para su recreación, otro que jugo allí era el cura Miguel Tiburzio, se ataba la sotana a la cintura y se metía en los picados.
Casi siempre esos encuentros eran los sábado y  los domingo, cuando se armaban esos partidos principalmente los domingos, los vecinos del barrio que vivían cerca se iban arrimando a la cancha , llevando sus banquitos, sillita baja, para mirar cómodamente sentados el evento, poniéndose en el único lado de la cancha que se podía seguir el partido, en la vereda de enfrente de la cancha, sobre la calle Santa Maria de Oro; sobre Gorriti no se podía sentar porque cada rato pasaban los auto o los tranvías, el N° 2 , el N° 4 ,creo que el N° 5 también y se perdían la jugada.
Casi siempre los domingo por la mañana, una vez instalados cómodamente allí se los podía ver a esos vecinos con su vaso de vino o vermouth , picoteando algunas aceitunas, maníes  o lupines en sal muera , que vendía el almacén de la esquina de Gorriti,  por la puerta doble de madera color gris que daba por Santa María de Oro , según algún amigo me decía que el dueño era Don Paco, luego Don Enrique que según decían, era socio de Tiro Federal, en la misma vereda pero para el lado de Nelson había una puerta de hierro trabajado con un gran vidrio que no dejaba entrar el viento; puerta de antes; la misma cuidaba la entrada de  un zaguán que desembocaba en la casa de doña Crédula, ella era una viejita que hacia masitas riquísimas, unas torta negra deliciosas, caseras, pan con chicharrones y como decía mi abuela Palmira en su dialecto italiano “el chameló” el sabroso bizcochuelo con huevos caseros, porque en ese barrio casi todos tenían su quinta y algunas gallinas para tener  huevos frescos, esa torta se vendía por porciones, que con unas pocas monedas, nosotros los chicos o los vecino podían comprar.
Los pibes no llevábamos banquitos, nos sentábamos en el cordón de la misma vereda,  en el del lado de la cancha no se podía sentar  porque el campo de juego terminaba en el cordón, si la pelota caía a la calle era fuera, se hacia saque lateral.
Recorriendo otro costado de la cancha, el que daba a la calle Nelson, donde daba uno de los arco, era el más peligroso para la pelota de fútbol , porque allí estaba la Centenera, fabrica de envases de hojalata, justo atrás del arco había un portón de color gris; actualmente sigue allí ; que en la parte alta del mismo tenia unos hierros gruesos, para no saltarse adentro, tenían forma curva hacia fuera y terminaban en punta muy finita donde terminaba clavada la pelota de cuero en gajos y cocida con hilo fuerte o tiento muy finito, con cámara; si lograba pasar el portón, caía adentro, donde había dos perros grandes que terminaban rompiendo la pelota, cosa que nunca se pudo solucionar, pero si se soluciono el tema de los hierro en punta poniendo en cada una de las puntas ; un montón ; antes del partido, unos tacos de goma que hacían de protección , la pelota rebotaba en ellos y no se clavaba.
Del lado sobre Gorriti, donde estaba el otro arco, cada vez que se hacían partidos alguien se acordaba y decía ; avísenle al “turco”, para que  cubriera la puerta, la vidriera, poniendo los postigotes de madera en las mismas, turco era porque tenia una tienda; en ese tiempo todos los “mercachifles” que vendía telas, se los nombraban  turcos, era  Sirio nacido en Aleppo el              dueño de la tienda “Gracielita” don Teofilo (Tufik) Saggal; también había que avisarle a la zapatería de la esquina, la que todos conocíamos como la de “la Elvira”, donde los vecinos podían comprar, pagar por mes; esa compra era anotada en un cuaderno, a mano, con eso bastaba, los vecinos eran honrados, trabajadores que a fin de mes con el sueldo pagaban las cuentas, los dueños eran  Elvira y Armando Ciarroca.
Otra cosa que había que tener en cuenta los domingo, era que los partidos debían comenzar después de la misa, en la antigua capilla; que casi siempre terminaba a las 10 de la mañana, pues sino la pelota que pegaba en la pared retumbaba dentro de la misma e interrumpía la misa.
La canchita en si era de tierra, con pequeñas piedritas que te lastimaban al caer al piso, tenia arcos fijos al piso, hasta que un año; no recuerdo cual; llego a la escuela el padre Manuel , una de sus medidas fue; cortar los arcos, desde ese momento pasaron a ser desmontables, se guardaban en el almacén de la esquina, se armaban en el momento del partido.
Cada vez que había partido siempre se recordaba que podía ser el último porque ya comenzarían la obra de la nueva capilla y le diríamos adiós la “canchita de los curas”.
Los equipos que jugaban eran entre otros, Alba Roja, Paralelo 38, Las Malvinas, Defensores de Vélez Sarfield y el más famoso de todos “Los 7 Grandes”; 7 era por  su formación, un arquero más seis jugadores, así eran todos los equipos; “Grande” no se si porque jugaban muy bien al fútbol y eran invencibles, o porque estaba formado por toda gente grande de edad, su capitán el vecino Tito Suárez, que también supo vestir la camiseta de Alba Roja.
Recuerdo jugadores como el arquero de Alba Roja, Manuel Codes que después fue arquero de Argentino de Rosario “El Salaito”, parte de los jugadores de Alba Roja eran a su vez directivos del mismo club, como “Forico”, “Pocho” y Salvador Montivero, “Forico” tambien fue jugador del “Salaito” y de otros equipos , “Pepo” Candolfi, Hugo Gonzalez, el “Tano “ Murgia, el “Turco” Fernandez, “Lito” Barranquero, la camiseta de este club era blanca y roja,  a cuadros, otra a raya, después en triangulo, por ultimo en “V”.
Por esta canchita también pasaron  jugadores famosos, los hermanos Bairo (River Plate), Omar “Pato” Pastoriza (jugador y técnico de Independiente) Panasi, Villarino (Rosario Central). Había un arquero que llamaba la atención, era el arquero de “Los 7 Grandes” el “Lungo” Bartoluzzi, media 1,93 de alto , su espalda era bien grande, un “ropero” en el arco,  su agilidad era impresionante, era difícil hacerle un gol, de profesión arquitecto. Si mal no recuerdo; también sabia jugar para “Las Malvinas”; que era el equipo de los Pastoriza, allí jugo un muy buen defensor apodado el “Pipa”.
Se organizaban torneos, los premios eran trofeos, medallas, cada partido era dirigido por un referí, entre ellos estaba Pozzi, otro el “pelado” Zambruno ; mi tío; referí de la liga rosarina, con referí o no, casi siempre había tumultos que terminaban repartiendo “piñas” incluido el referí.
Terminaban los partidos, los jugadores se juntaban, eran todos amigos, pasaban por el almacén de enfrente a tomar algo para calmar la sed y los ánimos, bebían, agua, cerveza, algunos se bajan de un solo saque un sifón, soda que seguro era de la fábrica de la otra cuadra de la cancha.
de don Enrique Franco, que la repartía por el barrio con su carro tirado por caballo, al cual nos subíamos cuando quedaba sobre la calle, con las varas hacia abajo sin caballo, luego el progreso hizo que desaparecieran los caballos, amaneciendo un día un viejo camión que en vez de riendas tenia volante.
Paso el tiempo, muchos recuerdos más, pero llego el día, al levantarnos una mañana la canchita  tenia pozos, en parte estaba cerrada, un cartel decía que se comenzaba la obra de la Capilla San Juan Evangelista, si llego el día que nadie quería, se nos iba la “canchita de los curas”, comenzaron a construir la nueva capilla, levantaron las paredes, pusieron el techo, un tiempo estuvo parada, allí nos juntábamos a hacer un “picadito” los chicos del barrio, bajo techo con piso de cemento.
Así fue como desapareció “la canchita de los curas”, los domingo por la mañana ya no se juntan los vecinos, doña Crédula perdió clientela, el progreso dejo en el camino esos hermosos recuerdos del barrio, pero a su vez generó  nuevas historias.    
Las obras se terminaron, llego el día, el barrio tenia su nueva capilla, fue un 3 de  mayo de 1964, se  inauguró con un gran acto, a la cabeza el cura Luis , se colocaron bombas de estruendo atadas en una soga entre dos columnas de  alumbrado del frente de la capilla, el ruido y los fogonazos fueron  increíbles.
Así desapareció la Canchita de los Curas en su forma física, pero no en el recuerdo de todos los vecinos.
Porque ahora cuando pasamos por el frente  de esta hermosa capilla todos decimos ¿Te acordas?... pensar que aquí cuando éramos chicos, acá había una canchita a la cual veníamos a jugar.            
  
                                                                           Edgardo "Poroto" Landaluce 25/02/2012

domingo, 16 de octubre de 2011

VI JORNADAS DE HISTORIADORES Y CRONISTAS BARRIALES

El sábado pasado se desarrollaron las VI Jornadas de Historiadores y Cronistas Barriales. Nuevamente, el Centro Cultural Cine Lumiere fue el lugar del encuentro y la amistad, en torno a un tema común: los boliches, los bares, las fondas y los almacenes.
En esta ocasión, como en otras oportunidades, se mezclaron las vivencias personales, las anécdotas, las investigaciones académicas y el recuerdo de viejos y nuevos bares, de almacenes, pulperías y fondas ya perdidos en el tiempo. 
Destacamos -dentro de las muchas e interesantes ponencias que sería largo enumerar- las que, a cargo de gente muy joven, trataron el tema de La Mujer y el Bar, la sexualidad diferente y los bares. También destacamos a los expositores que trataron el tema de los almacenes de ramos generales y el origen de los pueblos en torno a los establecimentos de este tipo. El Museo, mediante el trabajo de la licenciada Jorgelina Bernasani, presentó uno de los objetos de su colección, un viejo libro de 1878, en la ponencia titulada Los caminos del almacén a través de su libro.
Rescatamos particularmente estas ponencias porque la presencia de jóvenes investigadores implica una renovación en el tratamiento de temas históricos, con nuevas miradas, sobre todo luego de la pérdida, durante este año, de importantes referentes de la historia barrial.
El viernes, el grupo de Gualeguaychú Musicante puso en escena la obra basada en textos de Roberto Fontanarrosa "EL San José, almacén y bar".
La nostalgia estuvo a cargo de Enzo Burgos y Albino Serpi, recordando el Bar Saigo y el Bar La Capital.
Y el sábado, un amigo del Museo, el historiador Pablo Suárez, junto con Dali López, amenizaron con guitarra y poemas gauchescos la jornada final.
Fueron dos días de camaraderia, cualidad que es el objetivo principal del Museo: generar acciones sociales en torno a objetos comunes, que en el fondo, son menos importantes que la amistad, la charla compartida y los buenos momentos.
Agradecemos a los participantes y al Centro Cutural Cine Lumiere todo eso, que se renueva año a año. 
Nos vemos en el 2012.

miércoles, 29 de junio de 2011

IV JORNADAS DE HISTORIADORES Y CRONISTAS BARRIALES

Nuevamente, tenemos el agrado de invitar a uds. a las IV Jornadas de  Historiadores y Cronistas Barriales.
Organizadas por el Museo del Barrio de la Refinería, y con la participación del Centro Cultural Cine Lumiere y el Grupo de Historiadores Barriales, se ha definido el tema para esta nueva edición: los bares, cafés, fondas y pulperías urbanos, barriales y rurales.
En esta oportunidad los participantes podrán exponer y debatir sobre esta amplia temática: los viejos negocios ya desaparecidos y los que todavía subsisten, con sus anécdotas y recuerdos, considerándolos parte de la historia colectiva y forjadores del sentido de pertenencia argentino, sea en la ciudad, el pueblo, el barrio o el campo.
Desde el Museo fomentamos la historia barrial como un lugar de encuentro.
Por lo tanto, pretendemos poner de relieve, en una puesta común, a los bares y boliches como uno de los escenarios y testimonio del pasado.
Como nueva metodología, se han pesado momentos de debate, a fin de reunirnos a conversar sobre la temática, estrechar vínculos y generar intercambios.
Esperamos entonces la participación tanto de vecinos como alumnos, especialistas e historiadores.
Las Jornadas se desarrollarán los días 14 y 15 de Octubre de 2011, en el Centro Cultural Cine Lumiere, Velez Sarsfield 1027, Rosario, Prov. de Santa Fe, República Argentina.

Módulos temáticos programados
Módulo temático I- Tipología - Tipos de establecimiento.
La pulpería, el bar, el café. El “copetín al paso”. Bares urbanos y rurales, almacenes de ramos generales. El bar en el barrio. Los bares-almacén. Productos, servicios, precios y parroquianos. Menaje del bar: mesas, muebles, mostradores. El negocio y la vivienda. Arquitectura de bares, fondas y pulperías. El buffet del club. Snack Bar. Whiskerías.
Módulo temático II- El Anecdotario. Historias de bares.
Boliches famosos o legendarios. Las anécdotas de bar. Fiestas, reuniones y agasajos. Costumbres. El bar y la mujer. El mozo como personaje. Coleccionismo: botellas, muebles, fichas, latas, productos. Fotografía temática y especializada. El bar en la música.
Módulo temático III- Bar y sociedad - La mirada social sobre el bar.
El bar del barrio. La necesidad de ir al café. Los boliches y el trabajo. Los bares y la familia. Mitología del bar: dichos, leyendas, historias. El bar como ámbito prohibido: los bares de “mala muerte”. El bar como lugar conflictivo. Negocios, patrones y parroquianos.

Módulo temático IV – Pasado, presente y futuro de los boliches - Bar e historia.
Cronología en la ciudad, épocas. El bar en la actualidad. Bares “antiguos” y modernos. Pulperías y almacenes como paisaje turístico. El futuro de los viejos bares: reciclados, remodelaciones, restauraciones, reconstrucciones, recreaciones. Falsificaciones. ¿Qué pasa cuando un viejo bar cierra? Memorias, entre la nostalgia y los negocios.

Programación
(horarios aproximados)
Viernes 14/10/2011
8.30 hs. Acreditación
9.30 hs. Apertura de los módulos y lectura de ponencias
11.00 hs. Pausa café
11.30 hs. Reapertura de módulos.
12.30hs. Debate sobre temas tratados.
13.30hs Receso
15.30 hs. Reapertura de módulos, lectura de ponencias
19.00 hs. Debate sobre temas tratados
20.00 hs. Recepción de bienvenida
Sábado 15/10/2011
8.30 hs. Apertura de módulos y lectura de ponencias.
10.30 hs. Debate sobre temas tratados- Pausa café
11.30 hs. Reapertura de módulos y lectura de ponencias
13.00 hs Receso

15.00 hs. Reapertura de módulos, lectura de ponencias
16.30 hs. Debate sobre temas tratados
17.30 hs. Conclusiones y cierre del evento

Los interesados pueden dirigirse a jornadashistoriadoresycronistas@yahoo.com.ar

lunes, 31 de enero de 2011

DE PULPERIAS Y BARES

Dos modelos “tradicionales” en la historia popular son la pulpería y el bar de barrio.

Unidos a dos formas diferentes de ver la historia, y de dos épocas diferentes, una se ha vinculado a lo campero, lo gauchesco y a la soledad de las pampas.
El otro, al barrio, a la inmigración, a la vecindad.
Los historiadores que se ocupan de cada modelo también son distintos.
Mientras unos buscan en la pulpería una época de oro, gauchesca, noble, otros buscan con avidez lo contrario, retratos de malevos, cuchilladas y delincuencia. Sin embargo, formalmente, ambos modelos presentan características similares: lugares de reunión donde podía beberse un vaso de vino o ginebra, jugar naipes o bochas y donde podía comprarse algún alimento o vestimenta. La gente que concurría era del pueblo llano, modesta, humilde y de pocos recursos.
Hasta ahí, pareciera una simple derivación en el tiempo, como si la puilpèría hubiese "naturalmente" derivado en el bar barrial, con sus vermouths reemplazando al aguardiente.
Pero ¿cuáles son sus diferencias, y sobre todo, porqué desapareció la primera, y se mantuvo (hasta hoy) el segundo?

La pulpería surge en la época colonial, y es una forma de comercialización que no sólo es campera, rural, sino también urbana. Su sistema es simple. Pague, y le doy. Esto no implicaba que no se convirtiera en lugar de reunión, en el cual un gran salón permitía la charla, el intercambio social. Si bien no tenía mesas y sillas, trastos, cajones y pequeños bancos podían ser usados y de hecho, se usaban con frecuencia. Con el “pulpero” protegido tras una reja, en la pulpería se vendía todo lo que podía ser consumido, desde bebidas hasta aperos, fideos, anzuelos, telas y sombreros.
La pulpería se podía ubicar en la ciudad o en el campo, aunque en el campo es donde se ve su esencialidad solitaria, de mojón. La soledad de la pampa hacía que el carácter esencialmente social de los seres humanos “necesitaran” lugares de proximidad, si bien los contactos entre las personas en el inmenso campo eras más estrechos de lo que la literatura ha hecho creer. Sarmiento la imaginó -algo despectivamente- un club de gauchos, una institución propia de la "barbarie". Una pulpería urbana posee características de "polirrubro" que la hacía ideal para la gente que venía a la ciudad a abastecerse de toda carencia. En el campo, es un punto o lugar de encuentro.
El bar, en cambio, es esencialmente urbano. Hay bares de pueblo y de ciudad, aunque sería raro hallar un bar solo, en la inmensidad el campo.
En él se encuentran los parroquianos después de la jornada laboral y si no trabajaban, también, gastando los escasos pesos que les quedaban del último sueldo.
Allí el “dueño” estaba detrás del mostrador y si el bar era modesto, era el mozo también.
En algunas ocasiones el bar era también almacén, y no era raro que algún pibe fuese a buscar a su padre para ir a comer, a la vez que cumplía con un mandado…

Pareciera que ambas instituciones, pulpería y bar, son paralelas, de alguna manera. Incluso su disposición es similar: un espacio grande (sin, o con mesas, respectivamente), un mostrador, con un estante enorme detrás donde se exhiben las bebidas y las mercaderías en general.
Poseían mecanismos similares de captación de clientes, como el fiado y la yapa.
¿Cuál es entonces, la diferencia?
Creemos que la principal diferencia es económica y social, además de temporal.

Con la introducción del capitalismo, la producción hiper-especializada urbana obligaba a la fragmentación de la oferta y luego, a la aparición de negocios por rubro específico. Ya no era posible vender muchas cosas en un solo lugar, y los últimos casos de negocios urbanos “polirrubros” no sobrepasaron los años 30. La misma legislación económica respondía esta condición, y hasta hoy, en general impide tener más de un rubro principal.
Ese fue el límite económico de la pulpería, su condición multifacética.
Y a la vez, cambiaba su rol social.

Mientras que el gaucho (el criollo de trabajo rural) viene por la búsqueda de la compañía, el parroquiano del bar (con alta probabilidad extranjero) viene por su soledad en la multitud; en ambos casos es una necesidad humana la que atrae hacia el negocio. Mientras que la pulpería de campo depende muchas veces de la soledad del parroquiano, en el bar depende de la masificación de la sociedad de consumo. El "dueño" del bar depende del cansancio del obrero, de la costumbre del español, de la añoranza del griego, de la incomprensión hacia el turco, todos solitarios en una ciudad que los devora... es la ciudad capitalista, industrial, cosmopolita, como se decía entonces. Están fragmentados, y el sistema económico así lo plantea. La bebida, o los naipes, en una mesa con dos o tres amigos, tienen como objetivo en la pulpería, huir de la soledad; en el bar, huir de la masa, del rigor del trabajo o de la opresión de la miseria. Si abastecimiento, la mercadería y la actividad igualan a ambos establecimientos, los parroquianos los en cambio, los diferencian.


La pulpería desapareció al urbanizarse el país, y especializarse el negocio en bares y almacenes, como vimos. Así, las pulperías urbanas se fragmentaron en innumerables rubros, y ya fue raro que un negocio vendiese anzuelos y fideos a la vez. Ese rol lo cumplieron los almacenes de ramos generales en los pueblos, que desaparecieron a su vez, al fragmentarse nuevamente en especialidades. Uno de esos fragmentos es el bar, el café, el despacho de bebidas, donde no se venden anzuelos, precisamente... Por ende, se fragmentó la clientela. Un italiano va al bar a beber y a la ferretería acompar clavos, su mujer compra bacalao en el almacén. Se ha configurado, en sus mentes, que "cada casa es un mundo" y cada negocio un producto.
El sencillo mecanismo económico de la pulpería no podía sobrevivir en la "nueva" y compleja ciudad capitalista.  Con el simple método de sobrevivir reemplazando lo vendido por nueva mercadería, y de ese saldo vivir incluso biológicamente, la pulpería se convertía en riesgosa. Sobre todo cuando los parroquianos y el mismo pulpero ya tenían necesidades especializadas, muy diferentes a las del gaucho que una vez fueron…
En la ciudad moderna, un "dueño" debía planificar inversiones, estudiar las marcas de la mercadería, lo deseado por sus clientes, vigilar la competencia y los precios. También debía pensar que hacer frente a una crisis, recurrir a préstamos, cómo pagar y cómo cobrar.
Debía comprar esta marca y esta no, ver la forma de pagar una mercadería y serle fiel, evaluar cantidades y calidades. 
Lentamente, de esclavo de la pampa, el dueño del bar se convierte en esclavo del producto, igual que sus parroquianos.
Si pulpero y dueño eran productos de su sociedad y de su clase social, siguieron siéndolo, sólo que clases y sociedades habían cambiado.
El bar soportó en el barrio bastante tiempo en su rol de "escape urbano", hasta que esa huida social que lo caracterizaba se cumplió de otras formas, mediante el cine, la radio y la TV más tarde. La familia había cambiado también, y en los años 70 ya la mujer no toleraba bien las "escapadas” del marido al café. El barrio, ámbito de la vecindad y de la soledad también, generó el bar (su bar) hasta que ya no fue necesario. Luego, el bar fue (aún es) de la avenida, y finalmente del centro.
Por eso la insistencia de los historiadores barriales en las cuchilladas y el malevaje, en la inmigración y la maffia como exotismos, en las anécdotas risueñas e intencionadas, todas marginalidades que eran generadas, justamente, por la imparable dinámica urbana. La mirada del historiador barrial es  una mirada de parroquiano: no es la del despectivo Sarmiento, porque el bar no le es extraño.

Hoy, las pulperías y los bares de barrio son rarezas cuasi publicitarias, y con frecuencia, falsas, escenográficas. Los arquitectos decoradores colocan en estantes viejos sifones, botellas de anticuario y fotos en sepia, para recrear un ámbito de una época donde paradójicamente toda esa parafernalia estaba nueva y en uso: ningún parroquiano hubiese bebido un Fernet con la etiqueta rota y gastada.
Así, los bares "antiguos" son bares nuevos ambientados, y la clase humilde que atendía y bebía en el bar, se "corrió" a una clase media profesional o empleada, que va a "caretear" a la vidriera.
Un ejemplo clásico, El Cairo, era un bar muy degradado, con mesas de fórmica arruinada, que un providencial incendio salvó para transformarlo en un bar nuevo, donde las manchas de humedad se han imitado con pintura...
En San Antonio de Areco, viejas pulperías se han reciclado en lugares turísiticos, aptos para que comamos un asado y nos saquemos fotos, tal vez rodeados de "gauchos" de apellidos a veces italianos. Los objetos expuestos coinciden, más o menos, con los del bar, y la diferencia es meramente formal: una cabeza de vaca yace al lado de la botella vieja de Cinzano, las latas de dulce de batata son las que el bar habría vendido en los años 50. Sólo los lazos, hierros de marcar y boleadoras colgando dan la pauta de su ruralidad, elementos de dudosa aparición en las pulperías originales.

Como fotos viejas en portarretratos nuevos, los originales de bares y pulperías se han fundido en un tiempo pasado, donde la convivencia era a la vez un problema, un placer y un anhelo.
Tal vez por eso Rosario (que nunca tuvo pulperías importantes) tiene tantos bares todavía hoy, y vamos a ellos, sobre todo si llueve. Aún nos hacen falta.

domingo, 17 de octubre de 2010

SE REALIZARON LAS V JORNADAS DE HISTORIADORES Y CRONISTAS BARRIALES

Se realizaron el viernes y sábado pasados  las V as. Jornadas de Cronistas e Historiadores Barriales.
Participaron cien asistentes, y con ventinueve ponencias, este encuentro ha generado, una vez más, amistades, muchos proyectos, ideas compartidas y cierto agradable ( y tantas veces buscado) espíritu de camaradería y compañerismo.
Por supuesto, mención aparte merecen las ponencias, las que fueron variadas y de calidad.
Sin detallarlas, se pudo comprobar que iban desde lo científico a lo pasional; abarcaron la denuncia ante la desaparición del patrimonio colectivo, la consideración de la fotografía como testimonio, como estilo de vida y como documento; las anécdotas y las propuestas de trabajo sobre el acervo fotográfico colectivo.
Las edades fueron variadas también. Lejos de pensar en un grupo de nostálgicos mayores o coleccionistas eruditos, se reunieron personas de treinta y de ochenta años; universitarios y aficionados, académicos y vecinos, argentinos y extranjeros, todos igualados por el interés y el significado de las viejas fotos.
Resultó interesante el intento frecuente de ir más allá de la imagen, evitando quedarse en el simple "trabajo de lupa", contrastando contextos, épocas y hábitos, interpretando la complejidad de la fotografía. Así, se dio significación a imagenes que, a simple vista, nada tenían de excepcional, pero que guardaban un importante trasfondo social.  
Las ponencias tuvieron una investigación rigurosa y una cuidadosa realización, lo que además de ser una carta de presentación del expositor, halaga a los organizadores, ya que supone que las Jornadas merecen trabajos cuidados, tanto en su contenido y como en su forma.
Como siempre, el personal del Centro Cultural Cine Lumiere "puso el cuerpo", comprometíéndose en arreglar cosas que parecían irreparables, anticipándose a los problemas y brindando una inigualable atención a los participantes.
Si bien la organización -modestia aparte, pues el Museo participó en ella- fue más que correcta, se pudieron concebir (a pesar de la inevitable fatiga) algunas mejoras para la próxima edición, optimizando ciertas tendencias que nos parecieron favorables.
Por parte del Cine Lumiere, se vio la necesidad de ampliar y optimizar los sistemas informáticos disponibles, lo que brindará mayor accesiblidad y seguridad en la faz técnica, ya que la variedad de prouestas de los historiadores y cronistas trascienden la simplicidad de los primeros encuentros de vecinos, muchos de los cuales ya necesitan de tecnología renovada.
Otra de las mejoras, pensadas por el Museo, parte de la idea original de estos encuentros: La Historia como Calidad de Vida.

A partir de ese concepto que entendemos necesario recordar, el Museo tratará de jerarquizar los espacios colectivos de las Jornadas,  entiéndanse breaks o pausas para el café, lugares de charla e intercambio, modos de acceso a datos, exposiciones, objetos para ilustrar o reflexionar acerca de las Jornadas, etcétera.
Sabemos que no se tratará simplemente de extender por más tiempo el café y los almuerzos, sino de dar calidad y sobre todo entidad a los momentos de socialización que, paradójicamente, es algo muy pedido. Incluso más que los escasos 15 minutos de ponencia... los participantes pedían 15 minutos más de intercambio. Trataremos que sean minutos de calidad, agradables y útiles para todos.
Terminadas las Jornadas, fue interesante ver que la gente se demoraba en las despedidas, charlando, conociéndose, lo que hizo ver la necesidad de estos espacios comunes, simples pero provechosos. Lejos de retirarse una vez realizada las Jornadas, la mayoría de los participantes se quedaban departiendo, casi buscando excusas para charlar, a pesar de la hora de cierre y el cansancio físico de dos días de participación.
Mediante esta reflexión veremos, en forma conjunta con el Centro Cultural Cine Lumiere, cómo mejorar y recualificar los momentos más placenteros de las Jornadas, ese tiempo en el que todos nos encontramos, hablamos y planificamos sobre los temas que más nos gustan: la historia y el barrio.

martes, 12 de octubre de 2010

V JORNADAS DE HISTORIADORES Y CRONISTAS BARRIALES

V JORNADAS DE HISTORIADORES Y CRONISTAS BARRIALES
PROGRAMA DE PONENCIAS


Viernes 15 de Octubre
16,30 hs.
Los fotodocumentales de la Escuela de Cine de Rosario: didáctica, estética y testimonio.
Prof. Sergio Adolfo Garcia - Rosario.
16,50 hs.
Proyecto Conservación Imágenes en la Hemeroteca Municipal de la Biblioteca Argentina “Dr. Juan Alvarez” de Rosario.
Bibliotecarias: Mercedes Coiutti-Griselda Heinzen - Stella Zunino- Rosario..
17,10 hs.
La imagen: testimonio del pasado.
Prof. Ester Lucía Camarasa - Prof. Laura Ivana Santarén-San Nicolás
17,30 hs.
Las Fotos que nos cuentan. Los vínculos entre literatura y fotografía.
Prof. Ana Bugiolacchio - Prof. Florencia Jiménez - Rosario
17,50 hs.
Notas sobre la historia de la fotografía en Casilda
María del Carmen Graziottin - Federico Antoniasi- Casilda
18,10 hs.
La instantánea del instante ausente
Arq. Diego Fernando Morales Castro - Bogotá D.C
18,30 hs.
¿Que ves cuando me miras?... imágenes históricas de barrio Yofre Norte (ciudad de Córdoba) que prefiguran su identidad.
Prof. Liliana B. Torres - Córdoba
18,50 hs.
Pequeños registros de grandes historias. San José en imágenes
Agustina Heredia - Verónica Bajales - Belén Nieva - Amanda Ocampo- Camila Sastre - Fernando Villar - Tucumán.
19,10 hs.
Conservación preventiva de las imágenes. Nuevas herramientas informáticas desarrolladas en Image Preservation Institute (IPI, ROchester, USA).
Lena Romashova - Capital Federal
19,30 hs.
La caja de zapatos.
Enzo Burgos - Historiador- Rosario
19,50 hs.
Presentación videos educativos, aplicaciones didácticas.
Grupo GESMAR
20,10 hs.
Apertura oficial y brindis

Sábado 16 de Octubre (mañana)

8,45 hs.
Perspectiva y percepción del Monumento Nacional a la Bandera , la fotografía como registro vivencial del principal icono de la ciudad.
Prof. Dr. Miguel Carrillo Bascary - Rosario.
9,05 hs
La imagen de la Escuela Pública entre los siglos XIX y XX. El caso de la Escuela Normal Nº 1 de Rosario a través del análisis de las fotografías del libro de oro 1879/1937.
Lic.Benito Espíndola - Psic. María Elena Hechen - Rosario
9,25 hs.
Recuerdos de mi niñez, Pichincha
Prof. Roberto Wersio - Historiador-Rosario
9,45 hs.
La función de la fotografía en la enseñanza de la Historia
Prof. Enzo Diego Casá - Prof. De historia/Historiador Barrial.-Rosario.
10,05 hs.
Reseña histórica Suministro energía eléctrica en Rosario.
Alejandro Jones - Historiador Barrial-Rosario.

10,25 hs.
Pausa café.
10,45 hs.
Fotos de la inundación
Lic. Pablo Ernesto Suarez - Lic. Historia/Historiador Barrial-Rosario.
11,05 hs.
El palacio Cabanellas y su conexión con la panadería La Europea
Rubén Pereira - Historiador -Rosario.
11,25 hs.
Rosarinos en los primeros salones locales de Arte
Prof. Mirta Sellarés - Rosario.
11,45 hs.
Los usos de la Fotografía. El caso del programa Municipal de Historia Oral Barrial de la Ciudad de Córdoba.
Prof. Nélida Milagros Agüeros - María Leticia Buffa-Córdoba.
12,05 hs.
Historias escritas con minúscula: Una mirada sobre Estexa.
Prof. Yanina Lorena Perrone - Lic. Carolina Grand - Maria Cruz Ciarniello - Lic. Cecilia Tosoni - Jimena Albornoz - Rosario.
12.25 hs.
El Mercado de Abasto: un barrio con identidad.
Lic. Catalina Cabanna-Capital Federal.
12,45 hs.
El oficio del fotógrafo.
Bibl. Evangelina Vives- Biblioteca Municipal “José Manuel Estrada”-Rosario.
13,05hs.
Pausa Almuerzo.

Sábado 16 de Octubre (tarde)


15,00 hs.
Identificando equipos de fútbol de Barrio.
Lic. Soccorso Volpe - Lic. Leonardo Volpe - Lic. Cristian Volpe - Rosario.
15,20 hs.
Todo pasa todo queda. El registro fotográfico del puerto de Mar del Plata.
Prof. Susana S. González - Mar del Plata.
15,40 hs.
Presentación Club del tren-Rosario.
Hugo Piñero - Historiador - Rosario.
16,10 hs.
Testimonios fotográficos ferroviarios.
Ernesto Ciunne - Historiador - Rosario.
16,20 hs.
Patrimonio religioso de la ciudad de Rosario.
Susana Valiente - Roberto De Gregorio-Rosario.
16,40 hs.
La fotografía neuquina como espectadora de la historia. Aquellos que intentaron guardar la historia en fotos.
Prof. Beatriz Carolina Chavez - Neuquén - Capital.
17,00 hs.
Conclusiones finales - Entrega de diplomas.