LA HISTORIA NO ES EL PASADO, PORQUE TRANSCURRE HOY .
El Museo Itinerante del Barrio de la Refinería, las Jornadas de Cronistas e Historiadores Barriales y el Museo Virtual están declarados de Interés Cultural por la Secretaría de Cultura de la Municipalidad de Rosario y el Honorable Concejo Municipal.
Personería Jurídica Otorgada por Resolución Nº325 del año 2010.
SE MUESTRAN 5 ARTICULOS POR PAGINA, Y SE PUBLICA UNO NUEVO CADA MES. Para comunicarse:
BANCO DE IMAGENES: angita1845@yahoo.com.ar

Mostrando entradas con la etiqueta testimonios. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta testimonios. Mostrar todas las entradas

viernes, 17 de enero de 2025

RAYADOS

 

Las antigüedades, en general, deben conservarse lo mejor posible.
En la mentalidad argentina, rayar un mueble viejo o pintar una bicicleta antigua puede significar perder su carácter de objeto del pasado.

Pero a veces, arruinar un viejo objeto puede ser beneficioso.

Esta foto, donada en 2012 por la familia Rezzoagli, muestra un partido de fútbol jugado en Gorriti y Santa María de Oro, la “canchita de los curas”. Pocas casas se conservan de esa época.
Es evidente la oportunidad de la foto, el arquero ataja lo que parece ser un cabezazo de un atacante.
Alguien, en algún momento, utilizó lapiceras para dar color a las camisetas. Esta intervención permitió definir un equipo de casaca blanca con cuello y vivos celestes y el otro, con la camiseta a rayas amarillas y rojas. El arquero parece haber usado una casaca roja.
En base a las investigaciones de Soccorso Volpe, puede establecerse que los equipos son Argentino de Refinería (blanco y celeste) y el Numancia (rojo y amarillo), aparecido en 1927.
Si los colores de Argentino son obvios, los de Numancia eran los “rojigualdos” españoles, ya que Numancia fue una epopeya de los íberos frente a los romanos, una batalla que se tomaba como un símbolo nacional.
El otro equipo, Argentinos, en 1912 se denominó brevemente Club Atlético 1º de Mayo, luego Embarcaderos y después Club Atlético Nacional. A partir de 1930, pasó a llamarse Club Atlético Argentino de Rosario. Desde 1925 usaron la camiseta que se ve en la foto.
 

Según Volpe, Numancia “Instaló su campo de deportes entre Vera Mujica, avenida Francia y Arenales. Mientras que en 1933 su sede social estaba ubicada en la cortada Arenales 282. Más tarde en 1935, bajo la presidencia del señor Urrutia, alquiló una cancha en inmediaciones de la estación de ferrocarril Ludueña. Además en el predio arrendado, que era amplio, se organizaron diferentes torneos internos de básquetbol y boxeo, que se disputaban entre sus asociados” y que "Según algunos datos que pudimos recabar en entrevistas realizadas hace varios años atrás a vecinos del barrio, como por ejemplo don Tito Conti, la camiseta de Numancia era roja y amarilla a rayas verticales finitas." 

Y de Argentino: "La historia de Argentino de Rosario se comenzó a escribir el 15 de enero de 1912, ya que ese día en el barrio Refinería (hoy Malvinas Argentinas) un grupo de empleados ferroviarios constituyeron un equipo de fútbol, que participó en una liga independiente (...) Más tarde debido a que ya existía en la zona un club con el mismo nombre, la entidad pasó a llamarse Embarcaderos Córdoba y Rosario, tomando la denominación de la estación de ferrocarril de donde eran la mayoría de sus fundadores. (...)

Volviendo a la foto, puede pensarse que el partido se jugó aproximadamente entre 1926 y 1930.
La idea el autor de la colorización debió ser identificar los dos equipos ¿cuándo lo hizo?
Veamos.
El color y el trazo delatan la relativa antigüedad del acto “vandálico”.
Fue hecho con fibras de colores, ya que son colores vivos y semi transparentes. No es acuarela ni témpera, ni tampoco bolígrafo ya que no hay bolígrafos en amarillo.
Las fibras Sylvapen pueden ser una posibilidad. Si seguimos afinando, pudieron ser las Sylvapen de caja “de dos pisos” con 12 fibras, que tenían color celeste.
Otra pista está en que este tipo de lapicera no se degrada, como las tintas azules al agua. Si las Sylvapen estuvieron en auge desde los años 70, podemos decir que la escritura es bastante reciente, incluso de la década de 1980-90.

La foto tiene otro aspecto más para reflexionar.

Si a alguien le importó que se reconozcan los colores, y tuvo un interés histórico, debió ser alguien que "sabía" los colores originales. 

Por lo tanto, era una persona ya mayor en esa época como para haber jugado (o haber visto) jugar a Numancia y Argentino, en la década del 20-30.

Uno de los integrantes, hoy ya fallecido, en 2012 contó que había sido su padre.
Si ese señor tuvo conciencia futbolera, supongamos con 15 años al momento de la foto y a fines de la década de 1920, esa persona hoy tendría más de 100 años.
Sí, pudo ser el padre: en 1970-80, habría cumplido unos 65 o 70, tal vez una época de nostalgias. Y su hijo tendría unos 40 y en 2012, 70 años.
Todo cierra. 

Podemos reflexionar que una foto instantánea, tomada entre 1926 y 1938, mostró un acto efímero, un casi-gol.
Pero hubo otro acto posterior de documentación, doméstico, testimonial o tal vez nostálgico, personal, probablemente en los años 70 u 80.
Y no estuvo mal. Nada mal.
Rara vez arruinar una foto consigue mejorarla.

Y este parece ser un caso feliz de ese tipo de excepciones.

 

Para más datos, ver: https://histofutbolrosarino.blogspot.com

 

jueves, 21 de octubre de 2010

CUMPLEAÑOS, HORA CERO

¿Desde cuándo se festejan los cumpleaños de los chicos?
Hablamos de torta, niños reunidos en torno al cumpleañero, papás y tíos, tirar de la oreja, soplar la velita y cantar el “happy birthday” castellanizado, repartir pitos o romper la piñata.
Una pregunta que parece bastante simple.
No lo es, si nos fijamos que, en fotos, revistas y descripciones muy antiguas, los chicos o bien no cumplían años o bien no se festejaba este acontecimiento como hoy.
Los europeos, sobre todo españoles, festejaban el santo. Siendo católicos, en general es fama que el nombre impuesto era el del santoral.
Así, si el bebé nacía un 10 de noviembre, recibía el nombre de Andrés Avelino, por ejemplo. Naturalmente esto no siempre se podía dar. A veces la fecha se correspondía con una santa y el bebé era varón, o viceversa.
Pero “festejar el santo” era una costumbre más o menos establecida. Un libro muy antiguo del museo, El Teatro Social del siglo XIX, critica la forma en que se festejaban los Días de Días en la España de 1840. Así, en esas épocas, sólo se celebraban los cumpleaños de las personas adultas, y los chicos eran los que recibían un regalo del padre o a la madre, en general un juguete, y la mujer o la hija mayor entregaba una confección propia, como un tejido, o una bolsa bordada para guardar el dinero o el tabaco. Luego el libro se queja que todo se había reducido a una formalidad entre amigos, y el cumplaños era un simple intercambio de tarjetas de visita "para cumplir".
Si rastreamos en el siglo XX, en Rosario, veremos que a pesar de haber fatigado revistas, libros, fotos y descripciones, los cumpleaños infantiles ni aparecen a principios de siglo.
Otro libro que posee el museo, denominado ¡Hijo Mío!, consta de un año completo de revistas encuadernadas. Casi no hay tema que esas revistas no hayan tocado en lo relativo a la niñez y maternidad: enfermedades, enseñanza, juguetes, comida, sexualidad… pero no los cumpleaños.
Recién en 1938, un breve artículo de Para Tí señala la forma adecuada de festejar un cumpleaños, la portada de un Billiken de 1939 muestra a un nene soplando las velitas.
Quedan los testimonios.
Charlando con varios vecinos de diferente edad, vemos que hay recuerdos distintos.
María, de 82, recuerda que su hermana mayor le ofreció a una hermana más chica un cumpleaños de 15, porque ella “nunca había festejado su cumpleaños”. María tampoco había festejado cumpleaños alguno.
Manuel tiene 80, y recuerda que a él nunca le festejaron los cumpleaños.
Sí a una prima, varios años menor y de condición más pudiente, que ofrecía un “chocolate” al cual estaban invitados primos y parientes, pero no con la parafernalia actual de torta, cotillón, payasos y regalos. Sólo una merienda, y para adultos preferentemente. No había regalos.
Ángela, ya de 60, recuerda sus cumpleaños, en los años 40, igual que Ricardo, de 50 y Daniel, de 65.
Si ponemos sus vidas en paralelo, como barras, y suponemos que su niñez (área amarilla de la barra) es hasta los 12, veremos un gráfico de barras como este.
En el dibujo, vemos que algunos no han festejado, y los marcamos con un recuadro naranja. Los que si festejaron, un recuadro gris. Vemos que la “frontera” está en la década del 40, marcada con una línea celeste punteada. .

_
.


Vemos que si Manuel y María nacieron en la década de 1930 y el libro ¡Hijo Mío! es de esa época (1937) y no aparecen cumpleaños, podemos decir que en esa década no se festejó el cumpleaños de los chicos al estilo actual, y antes tampoco, viendo revistas como el Monos y Monadas (1910-11) o Caras y Caretas. La hermana de María festejó su cumpleaños, pero "ayudada", lo que implicó algo así como una fase intermedia.
Si bien los casos analizados son pocos, podemos hipotetizar que la costumbre de los cumpleaños con torta y velitas se consolidó y generalizó en la década del 40. ¿porqué?

Es en esa década cuando el libro ¡Hijo Mío! surte efecto. Creemos que los productos para ser consumidos (un libro, o una frase de político) deben ser realizados en un contexto social que desee esas realizaciones. Así, ¡Hijo Mío! y “los únicos privilegiados son los niños” tuvieron resultado como libro y como política estatal sólo si existía un sustrato social adecuado.
Los cumpleaños, tal como se conocen hoy, no serían tan viejos entonces.
La canción Cumpleaños Feliz (Originalmente denominada Good Mornig to all) es norteamericana, de 1895, y patentada en 1934. También extranjera es la costumbre de soplar la velita, que es alemana, y tirar de las orejas, que es un hábito español (en Estados Unidos se pellizcaba). La torta es una costumbre también europea.
Podemos decir que el formato del actual cumpleaños es una mezcla de varios folklores, que se aplicaron aquí en medio de una sociedad “aluvional”, basada en la inmigración, y que recibía aportes constantes de Estados Unidos y Europa, sobre todo del consumo.
Los años 40 son de plena digestión del inmigrante, del tano, el gallego: ya ha sido asimilado, y las clases medias absorben muchas costumbres de las clases altas y del extranjero con facilidad. A esto se le suma una característica típica: la sobreprotección de la prole reducida a uno o dos hijos.
También es una época de homogeneización de las costumbres hogareñas: escuchar radio, tener un menú más o menos similar, proteger la privacidad del hogar, leer ciertos textos, consumir ciertos productos...
Así, clase media, más consumo, más sobreprotección, daría como resultado el agasajo al nene, y por transitividad a otros nenes, de otras mamás.
El cumpleaños infantil es, en realidad (y a nuestro juicio) tanto un festejo como un ritual de protección, ya que contribuye a sobreproteger a los pibitos mediante el homenaje. Los regalos contribuyen a esa tendencia al inculcarse la habituación al objeto (las cosas) como intervaloración personal, o sea dar y agradecer, regalar, homenajear.
.
Claro, en las costumbres, no hay un día, un año, ni siquiera una década definida como comienzo "exacto" de los cumpleaños, sino que probablemente se haya empezado a fines de la década del 30 a festejar, y ya en los 50 era una costumbre ya ineludible, obligada.
La década del 40 consistió, precisamente, el inicio de esas costumbres alegres, pero a la vez constitutivas de una sociedad nueva, con una clase media que dirige la forma de “ideal” de comportarse.

miércoles, 25 de agosto de 2010

SEÑORITA LEONTINA

Edgardo Landaluce, un vecino del barrio, aunque actualmente no vive en Rosario, nos envía esta historia casi desconocida. Leamos a Edgardo, al que le agradecemos el aporte:


UN RECUERDO: 
LA ESCUELA, EL BARRIO Y MI MADRE.
Es un relato de una pequeña historia de ese hermoso barrio donde pase casi 30 años de mi vida con muchos recuerdos que tengo guardado en mi memoria.
Tal vez pocos recuerden que en el edificio de la escuela Nº 72 funcionaba, en el turno noche, una escuela que se denominaba Escuela Particular Incorporada Tecnica Profesional Nº 18 Vélez Sársfield.

Dicha escuela funciono aproximadamente desde 1949/1950 hasta febrero/marzo de 1961, en ella se formaban las chicas del barrio en conocimientos de Bordado a Mano, Corte y Confección, Decoradora de Interior, algunas complementarias como, Cocina, Dibujo , Pintura y Taquidactilografía .
A dicha escuela concurrían las jóvenes del barrio para aprender y obtener un titulo para poder desarrollarse en su vida. Esta institución contaba como apoyo; una asociación cooperadora que ayudaba en ese momento a los estudiantes aportando los elementos necesarios para las clase, moldes para tortas, utensilios de cocina, hojas de papel para moldes de vestimenta, pinturas , hilos y otros elementos para poder dictar clases.
En esa cooperadora, formada por varias personas del lugar, recuerdo a un señor de apellido Piedrabuena, que ocupo varios años el cargo de presidente. También a través de la cooperadora y de las maestras se vendían las estampillas de ahorro postal, para lo cual cada alumna tenía por esos años una libreta de ahorro en la que se pegaban dichas estampillas, y luego se podía retirar el dinero ahorrado en la sucursal del Correo Argentino.
Fueron maestras de dicha escuela, entre otras; Olga Gómez , Emilia Antonelli, Esther Michelli, Mabel García y Cecilia Panichi .
Cecilia vivía en Gorriti pasando Monteagudo, desde el cierre de la escuela hasta muchos años después fue en su casa profesora particular de dibujo y pintura, también trabajó en la escuela Amelia Vilches, que vivía en Echeverria y Corvalán, en diagonal a la Algodonera Argentina ; Edelmira Jaime como profesora de taquidactilografía , y como portera ejercía Maria Rodríguez de Torres.
Leontina C. Candolfi de Landaluce (La Negra), en principio ocupo el cargo de maestra de bordado a mano. Su titulo lo obtuvo en la Escuela Industrial de Señoritas Nº 3 , en el año 1932 ; el cargo lo ejerció desde marzo 1951 hasta diciembre 1953 y luego fue nombrada directora del establecimiento hasta el cierre de la misma en 1961.
Recuerdo que por el año 1958/59 se realizo un viaje de un día; como fin de curso a la ciudad de Paraná con las alumnas, las maestras, algunos hijos; fue un viaje en colectivo; de esos que tenían una trompa larga donde iba colocado el motor ; de 25 o 30 pasajeros.
Recuerdo que cruzamos de Santa Fe a Paraná en la antigua balsa, ya que no existía el actual túnel subfluvial y recuerdo que dicho colectivo tenia poco freno, en la empinada bajada hacia la balsa hubo que bajarse antes de comenzarla, para no correr ningún peligro.
Aquí están las cinco maestras y algunas alumnas e hijos en la parte superior, que viajaron ese día; E.Michelli ; L. C de Landaluce; C. Panichi; O. Gomez y E.Antonelli.
Estando Leontina en el cargo de directora; en su tiempo libre no dejaba de practicar su habilidad en el bordado y en 1954 borda a mano la cara Eva Perón sobre una tela de seda blanca, utilizando como hilo el pelo negro y largo de su hija Maria del Carmen, de 10 años .
En cada fin de año se hacían los cierres de curso con exposiciones de trabajos realizados y también a probar los productos elaborados en los cursos de cocina, mucha gente del barrio concurría a esas fiestas a celebrar junto a las alumnas y sus familias.
Leontina después del cierre de la escuela en 1961, se fue a trabajar nuevamente como maestra con el cargo de Maestra de Actividades Practicas en la Escuela Incorporada nro. 32 La Argentina, sita en la calle Sarmiento 4290 , viajando durante 16 años, todos los días hasta su jubilación en 1977, en tranvía y luego en colectivo, pues vivía en el barrio en la calle Sta.Maria de Oro y Vélez Sársfield.
Adosado a esta historia les cuento que Leontina y su hermano Osvaldo tuvieron en el barrio, en el mismo domicilio donde vivió casi toda su vida , y durante 10 años, un taller de lencería cuya razón social era LAN.CAN bajo el registro municipal nro 4619/64.
Allí trabajaban 3 personas como empleados internos y después se daba costura a 25 costureras del barrio que hacían las prendas en sus domicilios. Este taller abastecía en ese tiempo a varios negocios de la calle San Luís y calle Córdoba con enaguas, camisones y ropa interior para mujeres, también en esa época estaba de moda una prenda que se llamaba pollerín estaba hecho de tul plástico y puntillas. Las nenas lo usaban debajo del vestido para que este fuera más armado.
Este taller se cerro en el año 1974, y el barrio perdió así una fuente de trabajo de casi 30 personas, todas vecinas del lugar.
Finalmente, Leontina falleció el 13 de enero del 2010 a los 92 años en la ciudad de Puerto Madryn, Chubut, donde residió durante los últimos 10 años de su vida.
.
Edgardo Landaluce. Agosto de 2010.

domingo, 13 de junio de 2010

LOS NEGROS ESCOBEROS

El desaparecido Tito Conti, dueño del Bar La Academia (luego denominado “Bar de Conti”) nos relató una vez acerca de los viejos carnavales, donde aparecían comparsas coloridas y con apelativos curiosos.
En medio de la nostalgia por esos años (tal vez de sus años jóvenes) don Conti relataba el caso de una comparsa, denominada Los Negros Escoberos, al parecer – según sus dichos- formada por gente de mal vivir.
Eran gente blanca, que con los rostros pintados de negro, simulaban africanos, con vestidos de colores y portando cada uno una escoba como signo o emblema. En una entrevista con el antropólogo Nino Volpe, don Conti decía:
.
“...los negros escoberos partieron de la esquina de Iriondo y Vélez Sarsfield, los famosos negros escoberos de los carnavales, que en las escobas tenían un cuchillito, algo, por si había algún lío, esos eran los famosos negros escoberos…”
.
Tito Conti abundaba, ya en nuestra entrevista, que estos singulares participantes de los corsos eran bastante peligrosos, ya que en las escobas, bien oculta, estaría un cuchillo u hoja filosa, que los tornaba, al menos, “riesgosos de tratar”.
La esquina de Vélez Sársfield e Iriondo es, en la memoria barrial, la más antigua del barrio, y se identidfica con el origen.
Curiosamente, el también fallecido Luis Doufour y el historiador del barrio, Salvador Terrazzino, aseveran la misma cosa: la existencia de un grupo de personas, “cuchilleros” que formaron una comparsa denominada Los Negros Escoberos, que portaban el cuchillo, entre las pajas de su emblema, la escoba.
Leamos a don Terra, en su libro ¿Remember, Refinería?:
.
"En épocas de carnavales, aquellas de los famosos corsos de barrio, en la cortada Arenales se formaba una murga, la de los “Negros Escoberos”. El director dirigía la batuta y cada cual respondía haciendo su parte, todos disfrazados y pintada la cara con carbón, uno con ropas de mujer portaba una escoba que tenía la particularidad de llevar un cuchillo disimulado y oculto en la punta, que usaba sin hesitar en casos de agresión por murgas rivales…”
.
El autor enfrenta las murgas de escoberos de Refinería con las de Tablada, ambos barrios conocidos como “Barrios de la Puñalada”. Estas peleas según el historiador eran por “defender el territorio” y “por el gusto de pelear”. Arenales es el "Refinería Profundo", el sector donde estaba lo más pobre del barrio, pero también era parte de los orígenes de Refinería. paradójicamente, el libro de Terrazzino abunda mucho más en Avenida Alberdi que en esos lugares antiguos.
No era de extrañar que las historias barriales más antiguas surgieran de los lugares mas viejos, incluso las más raras, sabrosas o particulares.
Sin embargo, la ocurrencia de disfrazarse de negros para carnaval no era original.
En Buenos Aires era famosa la Sociedad Los Negros, allá por 1880, que festejaba los carnavales. Todos eran blancos pintados al carbón, pero se fotografiaban a "cara limpia". También eran conocidos por 1910 los Negros del Cake Walk, de inspiración jazzistica, a la Al Jolson, gente blanca con rostros ennegrecidos y levitas rayadas.
En 1900, según sabemos por Rafael Ielpi en su libro “Vida Cotidiana. Rosario (1900-1930)", nuestra ciudad tenía dos grupos de este tipo: La Sociedad Los Negros Africanos, y Los Pobres Negros Africanos, que bailaban en “troupes”, formaciones luego llamadas murgas.
En Santa Fe, las comparsas más famosas eran Los Negros, de 1883, formada por obreros (blancos). Se recuerda al mulato Demetrio Acosta, apodado El Negro Arigós (apellido de su familia adoptiva), que formaba parte de una comparsa de 1901 llamada Sociedad Coral Carnavalesca Negros Santafesinos. Arigós- un negro de verdad, era el bastonero, y usaba una escoba muy adornada con flores y cintas. Arigós, ya mayor, participaba sentado en una silla, pero su líderazgo continuó hasta su muerte en 1951 a los 73 años, lamentablemente 16 días antes que su murga cumpliera 50 años, meta que era su esperanza.
Recordemos que los negros sobrevivieron en Santa Fe hasta hace relativamente pocos años. Rosario posee otro tipo de conformación histórico-demográfica, que hicieron siempre a ese grupo social menos influyente en las tradiciones.
Es indudable la coincidencia entre los tres entrevistados (Conti, Terrazzino y Doufour), pero dejaremos por ahora de lado la existencia real de estos personajes, los cuales bien pudieron tener nombre y apellido, pero también formar parte de un folklore muy particular.
Veamos el origen de estas curiosas murgas, que lo tienen bastante definido.
Los negros, tanto en Argentina como en Uruguay, provenían de diferentes etnias de Africa, y desarrollaron, a lo largo de los siglos XVII y XIX, una cultura amalgamada a la española, donde vivían su tragedia de hombres cautivos de por vida.
Entre las costumbres de los africanos estaban sus rituales sociales y religiosos, uno de los cuales se volvió famoso: el candombe o candomblé.
Oscar Montaño, en la revista Oralidad Nº16, publicada por la UNESCO (2009), habla del candombe como la danza y la expresión musical-religiosa más importante de los negros en estas tierras.
Esta palabra provendría de la palabra ka (Las) y Ndomble (naciones de Angola).
Consistían sus ritos en bailes coreados, con un director de la ceremonia y varios personajes característicos, propios de estas ceremonias sociales y al mismo tiempo, religiosas. Cada nación poseía sus ritos, su rey y sus guerreros, su santo principal era, generalmente, San Baltasar, el rey mago negro (imagen a la derecha).
Los candombes, ya como danzas negras y en este esquema social, se practicaban por naciones, o sea por tribus. Las danzas eran mixtas, y no por pareja, y cada danzarín tenía una parte rigurosamente establecida en el baile, que era también un ritual.
Cada tribu “competía” en el baile, a fin de destacarse, ya que no podían establecer una guerra por el predominio local, en un país donde estaban cautivos. Al integrarse a la sociedad colonial, ofrecían estos bailes a las autoridades coloniales como un homenaje, y ese es el origen del baile pautado, desfilando, que luego copió la murga del siglo XX.
En esos bailes, los personajes típicos eran La Mamá Grande, o personaje maternal, sabio y bondadoso, siempre vestida de blanco y Reina de la Comparsa; el Portabandera, que identificaba al grupo; el Gramillero o brujo, de galera, con sus hechizos y misterio; y finalmente el famoso Escobero. Éste era un personaje director, con su vestimenta particular.
Con el torso desnudo, vestía un pantalón corto generalmente rojo o verde, sandalias atadas con cintas, y un mandil o delantal de cuero con espejitos que brillaban al bailar. Su escoba estaba decorada con tela, espejos, cuentas, cintas o flores.
Era el que conducía la murga, el bastonero y a la vez el líder. Su canto era rítmico y regulado, acorde a los tamboriles, y formando un pie musical o estribillo:
.
- ¡Calungan-gue, calungangué!
.
Y el resto de la murga respondía varias veces, acompañando los tambores:
.
- ¡Oye-yé- yumbambué! ¡Oye-yé- yumbambué! ¡Oye-yé- yumbambué!
.
Al competir con otras Naciones por la espectacularidad en los desfiles, se hacían los llamados candombes a la buena, donde los Escoberos peleaban entre sí, siempre danzando, por el predominio tribal. Para eso, trataban de hacer caer a su rival mediante zancadillas, golpes ocultos y, por supuesto, mediante su escoba como arma, generalmente para trabar ágilmente las piernas del adversario. Esto era parte de la danza misma, y la habilidad era una virtud. El Escobero también era mago, y atraía y provocaba la buena (o mala) suerte. La escoba "abría el camino" a la suerte de la murga.
.
De todo esto, podemos hipotetizar la suposición posterior que el escobero era un personaje hábil, tramposo, ladino y a la vez, admirado.
.
Las Naciones se desafiaban en lo que aún hoy en Uruguay se denominan “llamadas”: desafiantes cantos de "guerra" para la competencia entre murgas en carnaval.
Podemos aventurar que las murgas de los carnavales rosarinos recordaban a este personaje del candombe, y Los Negros Escoberos bien podrían llamarse, de alguna manera, “De los Bastoneros”, ya que en el candombe, el escobero era uno por Nación africana, y uno por murga. Culturalmente, era imposible más de uno por grupo.
.
Entonces, la adopción de formas culturales negras, mediante la deformación que suponía adaptarlas al carnaval europeo-argentino, presupuso necesariamente una nueva concepción. Los Negros Escoberos rosarinos, dada la memoria popular y al derivar de características antiguas, como "imagen" deberían ser gente ladina, y hasta cruel, peleadora y combativa, recordando lejanamente a los viejos directores del candombe africano.
La escoba, en su significado original, hasta podría haberse continuado en la actual superstición popular de no barrer frente a alguien, para no "barrerle la suerte".
.
De todo esto provendría según nosotros, el cuchillito en la escoba, la mezcla del personaje femenino mentado por Terrazzino (recuerdo tal vez de la Mamá Vieja) , la “lógica- ilógica” de la pelea (la “puñalada”) por gusto o un discutible predominio, en una rivalidad entre barrios lejanos, algo absurda y hasta de dudoso beneficio.
Debemos también recordar que los escoberos de la murga eran blancos, varios de ellos tal vez criollos o inmigrantes, y que los corsos barriales eran localizados, limitados a tres o cuatro cuadras, no mucho más.
.
Podemos hipotetizar que los Negros Escoberos son una creación popular –sea real o legendaria- en base a vestigios de culturas lejanas, extrañas y por ende atrayentes y motivadoras. Fueron una murga y un exotismo, es cierto, pero menos interesante que su danza fue esa escoba traicionera.
.
Nada mejor que estos ingredientes extraños para crear una leyenda, y bastó el sabor de lo viejo, exótico y peligroso para recalcar el detalle: sin ese cuchillo en la escoba, nuestros tres vecinos hubiesen olvidado la historia sin pena ni gloria.
.
Para el Museo, la verdadera existencia (existencia histórica) de Los Negros Escoberos no es en el fondo importante: se reduce a un dato. Pero sí nos interesa la supervivencia de rasgos africanos en una cultura aluvional - inmigratoria fuertemente europea.
.
Podemos afirmar que Conti, Dufour y Terrazzino nunca se arrimaron siquiera a estos personajes. No dan nombres, ni siquiera dan fechas o épocas de esas correrías carnavalescas: bien pudieron ser en 1900, 1930 o 1950. Suponemos el período entre 1930 y 1950, época en que el barrio era "bravo", por la alta desocupación y la marginación consecuente, aunque es una mera suposición. Ninguna revista (monos y Monadas, Gestos y Muecas, Plumazos) ni de ésta ni de épocas anteriores, menciona la comparsa, ni siquiera los carnavales, ya que era un barrio esencialmente obrero, aunque las crónicas burlonas sobre el barrio o acerca de las fiestas en Avenida Alberdi son frecuentes.
Ya en la década del 50 al 60 se celebraban corsos barriales, pero ahora con abundante testimonio de los vecinos.
Dudosamente –y sin querer faltarles el respeto- ninguno de ellos jamás hubiera intentado comprobar la real y concreta existencia del amenazante cuchillo en la paja de la escoba. Los tres son hombres de buena familia, trabajadores y poco adeptos a intercambiar con la "runfla" del barrio, que era justamente la que formaría esa murga. Pero sí podemos aseverar que sus historias y relatos son las de un barrio que ha sabido crear, mediante retazos de oscuras y viejas culturas ajenas, sus propias leyendas, sus propios rituales y sus propios misterios.
Tal cual lo han hecho todas la sociedades del mundo, desde siempre.
.
Para escuchar a Conti, entrevistado por Nino Volpe, ver: http://www.youtube.com/watch?v=G-Fh2OLAn6c

miércoles, 24 de marzo de 2010

24 DE MARZO

El otoño recién empezaba. En la calle, se podía ver que las mujeres y hombres usaban ya algunos abrigos, combinados con camisas arremangadas y vestidos de verano.
En los negocios se podían ver productos nuevos. Para los chicos, que ya iban a clases fibras Sylvapen extra gruesas, y dentífrico Odolito, con caja de cartón para armar.
En fútbl, Ardiles es el crack del momento. María Liliana Marini es Miss Siete Días. En Buenos Aires, las alumnas se quejan porque no les dejan usar lápiz de labios. La tienda Ñaró lanza su colección de invierno en ropa de cuero y se estrena la película Contacto en Francia.
Más allá de estas frivolidades, Argentina estrena un nuevo gobierno.Las revistas son del 26 de marzo de 1976, dos días después del golpe de estado que derrocara un gobierno constitucional.
Un gobierno que sería el peor de la historia argentina, una dictadura que dio y obtuvo lo peor de la Argentina: la muerte, el miedo, la miseria y también el individualismo feroz, el egoísmo, la delación.
Para que la gente –nosotros- no nos diéramos cuenta, y no nos resistiéramos, mataron a miles y de otros tantos se ignora el paradero.
El Museo posee un par de objetos que nunca hubiese deseado tener.
Pero los vecinos donaron dos de esos objetos indeseados y a la vez, únicos.
Son dos revistas, una Siete Días Ilustrados, la otra, la revista Gente y la Actualidad.
Ambas muestran la “inauguración" del autodenominado Proceso de Reorganización Nacional, que luego sería llamado, simple y kafkianamente, El Proceso.En estos objetos, la crónica de lo emergente (un golpe de estado) se mezcla con lo superficial, con lo banal y hasta lo estúpido. Videla es presentado como un general duro, pero que pasa sus vacaciones –de saco y corbata- en las Sierras de Córdoba.
Periodistas que hoy quieren dar una imagen de demócratas griegos, como Chiche Gelblum y Mariano Grondona, alababan a los militares como la última esperanza posible.
Los artículos tratan de mostrar que no pasa nada y que la normalidad es la mejor reacción, así que el mejor consejo es… no hacer nada.

De las revistas, no elegimos las fotos más comunes, como la Junta jurando ante el escribano, o dando su primer discurso.
Preferimos otras, unas pocas escenas que hoy parecen surrealistas, pero que muestran el espanto que ya se tenía dos días después de iniciada la dictadura. Porque en estas publicaciones se adivina ya el miedo.
Los artículos parecen ser esos silbidos para no tener terror en la oscuridad: la vedette se contrapone al militar, el crack de fútbol hace olvidar el tanque en la Plaza, la propaganda juvenil, la represión feroz en Tucumán y el jubilado que lee tranquilo ni sospecha que puede tener un nieto desaparecido.
Estos objetos, revistas “de actualidad”, fueron donados hace unos cinco años, y fueron guardados quién sabe con qué objetivo.
Tal vez fue el orgullo del momento, porque (no hay que negarlo) muchos deseaban un gobierno militar para obtener una tranquilidad y prosperidad que nunca llegaría.
O quizás el carácter histórico del momento, reflejado en una revista que se guardó para recordar un día memorable.
Los que donaron las revistas dijeron, palabras más, palabras menos:
.
-Es para que no se pierdan, para que sirvan para algo.
.
¿Será que estos objetos han sido, efectivamente, hechos para eso?
Para acordarse, decimos. Que no es poco.
Tal vez algún día la impunidad y la injusticia estén en una vitrina, como un objeto raro, obsoleto y ya irrepetible.

miércoles, 10 de marzo de 2010

¿TE VENDIERON UN TRANVIA?

Tal vez las historias se repiten porque enseñan algo.

Una de las anécdotas "mitológicas" más comunes es la venta de buzones y tranvías. El famoso Cuento del Tío consiste en hacer creer que hay una oportunidad inmejorable de ganar dinero. Originalmente, una persona se acerca a otra diciéndole que un tío le ha dejado dinero, pero no puede cambiarlo, puesto que son dólares. Propone al incauto, ya que está en una emergencia, dejarle los dólares a cambio de algunos pesos, añadiendo un “qué vamos a hacerle”. Luego se hace el cambio, y los dólares resultan vulgares papeles de diario empaquetados.
Este paquete se llamó, en la jerga delincuencial, El Toco Mocho.
Este es el origen lingüístico de varios timos, todos llamados por extensión Cuento del Tío.
Pero nos ocuparemos aquí de la Venta del Tranvía.
Salvador Terrazino, en su pìntoresco libro ¿Remember, Refinería? Menciona uno de estos timos, haciendo protagonistas a un tal Angelito T. y a un tal don Roberto. Pudorosamente, Terrazzino oculta las identidades reales.
En varios lugares de la ciudad nos han narrado este cuento, con diversos personajes, lugares y situaciones.
La de don Terrazzino es muy similar a todas, solo que coloca nombres más o menos identificables.
Contaremos la "anécdota" en términos más desapasionados que don Terra.
La idea era que don Roberto, un comerciante del barrio, compre un tranvía, asegurándole ganancias por el pasaje, descontados los gastos.
Para la época que suponemos es la de la anécdota, la empresa tranviaria era de La Mixta, combinación inestable entre capital privado y comunal para la explotación del servicio. La Mixta tuvo muchos problemas, hasta su total absorción por parte de la Municipalidad en 1943.
Esta condición mixta e inestable -suponemos- abonaba aún más las esperanzas de los dos personajes. Angelito debía hacer entender a don Roberto que había tantos usuarios que dejaban una fortuna en boletos, y él, don Roberto, podía participar de La Mixta, usufructuando las ganancias.
Para ello, Angelito, conocido timador, “empaqueta” a Roberto con su discurso seductor, con palabras que incitan a la ambición.
Primero, le dice de las ventajas de tener un tranvía, justo ahora que la Empresa está tercerizando su explotación. Arguye que hay controles que sólo lo pueden hacer los dueños privados. Luego le dice - azuzando su angurria y tal vez su envidia - que ya varios han comprado, y que están gozando de las ganancias. No es cuestión de “perderse el tranvía”, de llegar tarde,y esto debió picanear el oportunismo de don Roberto.Luego, con su víctima, Angelito va a Avellaneda y Gorriti, donde los tranvías iban hacia su destino, Alberdi o el centro; allí ubicados le presenta varios coches, de variopinta apariencia. Cuando aparece alguno más o menos nuevo, y el incauto de don Roberto se entusiasma, Angelito le comunica triste que ya posee comprador. Luego, aparece EL tranvía. Nuevo, reluciente. Don Roberto se entusiasma y elige ese, justo ese…Víctima y victimario suben al vehículo, el timador paga los boletos, guardando las formas y evitando problemas; el nuevo propietario puede ver la cantidad de pasajeros, y allí se cierra la trampa.
El resto puede imaginarse. Llenado de formularios, papeles falsos, recibos más falsos aún y entrega del dinero, que suele ser mucho. Don Terrazino habla de unos $3000.
Al mes, Roberto pasa por las oficinas de la Empresa, en Ovidio Lagos y Pellegrini, donde entre burlas y enojos, se da cuenta de la estafa.Hasta aquí, Terrazzino.
La historia se repite con algunas variantes en otros narradores. En algunos, la víctima cae en la casa del timador y lo muele a palos. En otros, la víctima hace la denuncia y las bromas parten de la misma comisaría. Lo interesante no es la anécdota en sí, sino su repetición.
Dudamos que fuese un timo frecuente. Era muy evidente para ser tan repetido, si bien el Cuento del Tío, con su Toco Mocho afectó y afecta seguramente a gran cantidad de víctimas, tal vez por su naturaleza simple y eficaz en presencia de los ambiciosos.Lo del tranvía es más complejo, por lo evidente del timo, requiere audacia y cierta presencia de ánimo, un sistema paralelo de imprenta, sellados, horarios, un estudio de la situación…Aunque la anécdota es divertida (hasta cierto punto, claro), situarnos sólo en la veracidad del caso nos parece poco enriquecedor.

Nos parece que estas anécdotas esconden al menos dos mensajes ocultos, que le ponen otra lógica al barrio (y a la ciudad).
.
El primer mensaje es sobre la relación entre lo público y lo privado.
.
Hay cosas que no se pueden vender. La lógica del timador es precisa ¿porqué no tercerizar realmente los tranvías? No, el tranvía es algo que NO se puede vender. Está prohibido. Por ley (supongamos) y por ser notoria su presencia, su realidad de cosa pública, de todos. Otra anécdota popular, la Venta del Buzón, es una forma similar que da sustento adicional a esta hipótesis.
.
El segundo mensaje oculto, es el castigo al angurriento que es, sobre todo, un castigo social.
.
En realidad, el timador se aprovecha del material existente, la ambición; ésta es castigada con la burla o el desprecio, en la persona del timado.La anécdota entonces tiene una doble eficacia en su mensaje: hay cosas que no se pueden comprar, y si se compran, el castigo social será tremendo, la burla, la risa, la eterna desconfianza en el raciocinio del timado: es un bobo.Del mismo modo que los chismes, que regulan el comportamiento social (mediante el que dirán), este tipo de anécdotas regulan comportamientos económicos, entre ellos, la avaricia.
En última instancia, no se condena al timador, porque se lo ve una herramienta, y no como a un delincuente.
El mismo Terrazzino carga las tintas en el carácter hasta simpático de Angelito T., cuando en realidad es una lacra social. Hoy la cosa no ha cambiado de anécdota, sino más bien de interpretaciòn. Hoy la Venta del Tranvía ilustra sobre la poca precaución en los negocios, no contra la delincuencia que se aprovecha de ciertas debilidades.
La Venta del Tranvía hoy es sinónimo de simpleza. La frase ¿Te vendieron un tranvía? revela las poca luces en los negocios de una persona, su idiotez comercial, y no la delincuencia.
En otras palabras: es preferible ser ambicioso a ser estúpido.
Agradecemos a don Salvador Terrazino, pero ya es tarde. La angurria triunfó.
Quizás porque ya no hay tranvías para vender.
.
Aquí debajo ponemos un soneto de Carlos de la Púa, cantado por Edmundo Rivero. Si bien no se refiere a la venta de tranvías, involucra a un carterista, un ingenuo, un guarda y un colectivo.
Aquí, el zonzo es el delincuente… por apurarse en la ganancia fácil de un incauto, ante la inútil vigilancia oficial.
.

Línea 9
(Carlos de la Púa)
Canta: Edmundo Rivero
.

.
Era un boncha boleao, un chacarero,
que se tomó aquel 9 en el Retiro.
¡Nunca vieron esparo ni lancero,
un gil al acuarela más a tiro!
.

Era polenta el bobo y la marroca,
y la empiedrada fule, berretin.
De grilo la casimba daba boca,
y la orejeaba un poco el chiquilin.
.

El ropaé que acusa este laburo,
trabajó despacito, de culata.
Pero el lancero laburó de apuro,
Y de gil casi más mete la pata.
.

Era un Bondi de línea requemada,
con guardia batidor, cara de rope,
si no salto cabrón por la mancada,

fue de chele nomás, de puro miope.