La reciente y lamentable demolición de una vieja estación de servicio por parte de la Municipalidad en Junín y Caseros, nos llevó a pensar si, ya demolida, podía ser reconstruida.
Los muros de mampostería y el techo de cemento hacen que la tarea sea relativamente fácil y técnicamente viable.
Las aberturas fueron conservadas –con buen tino - por la Secretaría de Obras Públicas, y permitirá mantener las líneas generales del pequeño edificio.
Algunas medidas, tomadas en el lugar, permitirán realizar un plano que, con las adecuadas precauciones, revivirán al viejo edificio que daba entrada al barrio y que desde la década del 30 formaba parte del inventario simbólico de los vecinos, e incluso de la misma Municipalidad que lo demolió.
Toda reconstrucción total es, en el fondo, una falsificación. La Municipalidad, más allá de actos de restitución culposa, – por otro lado de dudosa implementación - ha hecho desaparecer un edificio original.
Si se realizara esta reconstrucción, con los elementos originales, sería, en el lenguaje de la restauración, una anastilosis, que significa reconstruir en base a las piezas originales o ruinas, el monumento completo.
Pero en este caso, no queda casi nada del edificio.
Es de recomendar, a los fines de evitar estas desapariciones, que las medidas que impliquen edificios antiguos sean consultadas a los vecinos, y recién luego evaluadas con las oficinas encargadas de estos menesteres.
Hay edificios que, como el que nos ocupa, no tienen un diseño arquitectónico singular, o han sido protagonistas de hechos históricos notables.
Pero los barrios están hechos de estas pequeñas cosas, que forman un paisaje: las calles y las casas, pero también los árboles, los artefactos urbanos, cierta iluminación, aspectos que sólo los vecinos aprecian y los técnicos no siempre pueden definir con certeza. Edificios como el demolido no son valiosos desde el punto de vista de los especialistas, pero sí se rescatan desde lo simbólico, y los ingenieros no comprenden que esto es, de por sí, un valor irrecuperable.
Arquitectónicamente, artísticamente, estas construcciones no significan nada; simbólicamente (y como es lógico, salvando las distancias) son importantes.
Hay casos excepcionales de cuidado: es el caso de Corrientes, donde los pequeños templos rojos religiosos a la vera de la ruta modificaron el trazado de la carretera: los ingenieros fueron sensibles, presionados por la población, y respetaron los frecuentados lugares de culto. Materialmente, no valen nada.Pero edificaciones como la demolida en Refinería pueden ser nuestros Yapeyús o nuestras Grutas, y no les importará a los arquitectos planificadores.
Si estos ejemplos son excesivos, alertemos sobre casos bien rosarinos y bien barriales: los otros quioscos del mismo tipo, como el que está en Parque España, el que está en el Parque Hipólito Yrigoyen, o el que está frente a la Iglesia Perpetuo Socorro, de 1935. Algunos edificios son muy antiguos, pero su imagen no es muy “arquitectónica”, como la célebre Casa Rosa de Rueda y Convención (foto de arriba a la derecha), un rancho de tejas de 1860, motivo de muchas leyendas y relatos en el Barrio Tablada.
Todo a punto de ser demolido: adoquines, placas, fuentes, faroles, señales, postes, árboles, tantos signos que denotan un paisaje histórico, sin mucho miramento pueden desaparecer por el simple capricho de un ingeniero apresurado y negligente o un arquitecto excesivamente "modernoso".
Como ejemplo, no se sabe el destino de la vieja placa que estaba en la plazoleta o rotonda que da entada al barrio.
No fue recolocada, colocandose en su lugar una de mármol. ¿Fue robada? ¿La tendrá la Municipalidad? ¿para qué?
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Fuimos a ver lo que quedaba de la estación: sólo una prolija vereda, ejecutada con más premura que la tantas veces solicitada por los vecinos para sus calles. Como una burla, quedó a unos metros el cartel que la recuerda como símbolo de la Ciudad de los Niños.Frente a las irreparables desapariciones, fomentadas en este caso por el poder público, a veces sólo queda lamentar la desidia y el apresuramiento de funcionarios ineptos.
Porque las demoliciones son hechas furtivamente, como en este caso, y luego cubiertas rápidamente, para que no se vea el latrocinio oficial.
Tal vez la reconstrucción de la vieja Estación de Servicio Junín de YPF sirva para recordar que allí hubo, una vez, un edificio con historia. No será lo mismo, pero algo es algo.
Una solución: la próxima vez que haya que votar intendente, habrá que acordarse de estos hechos. Y también será otra cosa.











