LA HISTORIA NO ES EL PASADO, PORQUE TRANSCURRE HOY .
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viernes, 18 de septiembre de 2009

CABALLEROS


Las fotografias antiguas poseen cierto encanto indefinible.
Otras veces los codigos de las fotos vienen hacia estos días, transmitiendo cierta alegrìa, cierta domesticidad que nos recuerdan las propias fotos. Esta en particular pareciera la simpática foto de dos ancianos juguetones.
Los que posan, jugando al golf, son Miguel Canè y Ernesto Tornquist.
Eran amigos.
Pero esta amistad no era solamente para discutir el handicap de golpes al hoyo.
Ernesto era el propietario de varias empresas, como Tamet, Ferrum y la Refinería Argentina. Para los años finales del siglo XIX e inicios del XX, la cuestión social estaba candente: las huelgas se sucedían unas a otras sobre todo, los inmigrantes italianos y españoles sobre todo traían la organización y las ideologías comunista, libertaria o socialista. Los obreros comenzaron a organizarse, y a poseer ideas propias acerca de la jornada laboral, el monto de los salarios, los días que se debían trabajar o no. Los obreros se levantaban.
Era claro que para un empresario como Tornquist, estas reclamaciones lo perjudicaban. Una huelga, para una producción estacional como la del azúcar, dependiente de la zafra, paralizaba todo, impidiendo tener un stock para la venta y ademàs, dejaba ociosa la costosa maquinaria. También era problemàtica una huelga de portuarios, por ejemplo: todo el sistema económico argentino se paralizaba si el grano no salía para Europa.
Miguel Cané era legislador, ademàs de amigo de Ernesto. Había escrito un libro romàntico donde narraba sus experiencias estudiantiles: Juvenilia, muy leido por varias generaciones de argentinos.
Hacia 1898 MIguel es elegido -es un decir, en el sistema político de la oligarquía- senador nacional. Es el de la foto de abajo. Esta banca le permite, en 1899, presentar un proyecto de ley de 1899, mediante la cual se pueda expulsar a cualquier revoltoso, es decir, huelguista, socialista, anarquista, comunista, y todo "ista" que al gobierno le pudiese preocupar.
Esta Ley de Residencia fue resultado de un pedido de la Unión Industrial Argentina, cuya preocupaciòn por la movilización obrera iba en aumento. Sin embargo, la ley durmió en el Congreso cuatro añitos.
Pero la huelga de Refinería de 1901, donde murió Cosme Budislavich, que fue una màs de las tantas que movilizaban a los obreros por mejoras en el trabajo, cambió el estado de la cosa. Los políticos usaban revolvers, sableaban policía mediante a los obreros, y éstos se armaban para defenderse.
Con la inminente huelga general de 1902, Joaquín V. González -otro romántico, con su libro Mis Montañas- desempolva la ley presentada en 1899, y mediante su intervención se promulga con celeridad.
La ley era taxativa, casi una ley de emergencia. Cualquiera podía ser expulsado, sin demasiadas contemplaciones.
El artículo 1º de la ley autorizaba al Poder Ejecutivo a ordenar la salida del país al ciudadano extranjero que hubiera sido condenado o fuera perseguido por los tribunales extranjeros por crímenes o delitos comunes. El artículo segundo extendía la facultad para abarcar también a los extranjeros cuya conducta comprometa la seguridad nacional o perturbe el orden público.
Al Poder Ejecutivo no le era necesaria una sentencia judicial y, ni siquiera, un hecho concreto, sino que le bastaba decir algo negativo sobre el individuo en cuestión para fundamentar su decisión.
Era una ley a medida. ¿Como no hacer esta gauchada a los amigos industriales?
Los amigos eran parte de la vida cotidiana, de la política, de la economía, iban de viaje en conjunto, se casaban dentro del mismo grupo, concurrían a los mismos eventos, y sobre todo se repartían el poder; los amigos eran ministros, secretarios y hasta presidente era un amigo.
No se pudo parar la huelga de 1902, pero la Ley de Residencia y la oferta de mano de obra, cada vez màs abundante, y al aparecer las sucesivas crisis, desmantelaron finalmente a los partidos màs virulentos como el anarquista. Hay que decirlo: ganó la represión.
La Ley 4144 o "Ley Canè", fue el producto de la conveniencia y connivencia político econòmicas.
Asì que detràs de ese simpàtico duo de golfistas, se esconden los poderes capaces de reprimir sin piedad al que buscaba una vida mejor...
La ley se aplicó durante cincuenta años más, sirviendo para deportar no ya activistas, sino indeseables en general para los políticos al gobierno.
Y entonces, los palos no fueron solamente de golf.

1 comentario:

pablo sinopoli - rosario dijo...

Excelente articulo.
No sabia de la estrecha amistad entre Cane y Tornquist y la foto me da una pauta de como se movia el poder de la epoca, y sus resultados. Les recomiendo un trabajo de Waldo Ansaldi, llamado "Frivola y casquivana. Mano de hierro en guante de seda", que habla de la oligarquía de la generacion del 80. Muy interesante el blog.