LA HISTORIA NO ES EL PASADO, PORQUE TRANSCURRE HOY .
El Museo Itinerante del Barrio de la Refinería, las Jornadas de Cronistas e Historiadores Barriales y el Museo Virtual están declarados de Interés Cultural por la Secretaría de Cultura de la Municipalidad de Rosario y el Honorable Concejo Municipal.
Personería Jurídica Otorgada por Resolución Nº325 del año 2010.
SE MUESTRAN 5 ARTICULOS POR PAGINA, Y SE PUBLICA UNO NUEVO CADA MES. Para comunicarse:
BANCO DE IMAGENES: angita1845@yahoo.com.ar

sábado, 20 de febrero de 2010

SACACHISPAS

La nostalgia a veces mueve más que cualquier ciencia.
El Museo posee un juego de botines Sacachispas, con su caja verde y todo.
Este calzado infantil era de  tela, y se suponían impermeables. Invariablemente negros, eran uno de los regalos más frecuentes en la década del 60 al 70. Muchos se quejaban de su extrema rigidez, sobre todo después de secarse al lavarlos. Otros los alababan por su calidad y resistencia. Se dejaron de fabricar a principios del los 80, según nos han comentado.
Los Sacachispas, o “los Saca” como se les solía decir, entraban en la categoría de “sucedáneos”, de imitaciones. Imitaban botines profesionales.
No eran exactamente botines de fútbol, sino zapatillas de tela, con puntera de goma (luego plástica) con tapones fundidos en la misma suela y un vistoso protector de tobillos circular – a todas luces insuficiente- que le daban un aire muy deportivo. Allí estaba, impresa, la marca. 
Ésta era también vistosa, porque “Sacachispas” era un buen hallazgo para una marca, y la H era un arco de fútbol, donde se estrellaba una pelota.
La marca provenía de un club de fútbol de Villa Soldati, fundado en 1948 por Eduardo Lorenzo (padre), Borocotó. A su vez, este nombre proviene de un ciclista amigo del fundador. Participó en los torneos Evita, su escudo y camiseta era lila y blanca, y era todo un símbolo, porque esos colores eran de una flor que crecía en los potreros. Sacachispas aún existe, y juega en Primera C. Equipo muy vinculado al fútbol politizado de los 50, en 1953 se estrenó una película de ese nombre, dirigida por el mismo Borocotó. Otros clubes latinoamericanos llevan ese nombre también.
Volviendo a Los Saca, debemos tener en cuenta que los botines auténticos eran caros. Eran artículos profesionales o casi, cuya compra era esporádica, o bien se fabricaban a medida para las instituciones (aunque se dice que el Beto Alonso jugó en el Shea Stadium de Nueva York contra el famoso Cosmos de Pelé, usando las zapatillas Flecha). Los más conocidos en el barrio eran los Sportlandia.
También había una "contra": eran un calzado para adultos.
Así que Los Saca suplantaban el botín profesional, daban un aire deportivo al juego, y los chicos tenían "sus" botines, sus primeros botines.
Pero no todos podían comprarlos.
En los picados y partiditos de baldío, los usuarios de Los Saca eran algunos, no todos, ya que eran bastante caros.
Los Saca eran parte de un equipo al que el niño aspiraba. Las camisetas en los picados eran variopintas en general, y cada uno trataba de ponerse la de su club. No era raro que para el cumpleaños, el pibe recibiera “el equipo” de Central o Ñuls, y lo usara apenas tuviese la oportunidad, así que  la identificación era exclusivamente nominal, y se sabía quién jugaba en cada equipo por el nombre del jugador, porque había camisetas de todos los cuadros o colores, incluso se jugaba sin ellas, por el calor o porque formaban el arco.
Junto con la camiseta y la Nº 5, venían los Sacachispas,  lo que a veces provocaba un memorable orgullo infantil.
El calzado era fabricado por Alpargatas, una tradicional fábrica de zapatillas de tela con suela de goma o yute, que además confeccionaba muchas variedades de textil, como sogas, lonas y lonetas.
El diseño estaba basado en los contrastes de negro con blanco.
Los cordones, las cordoneras, la banda lateral y la protección tobillera eran blancos. La suela, fundida, tenía moldeados los tapones.
Este diseño no impidió modificaciones con el tiempo. Originalmente los tapones eran poco sobresalientes, y según se comentaba (al calor del partido) no servían de mucho. La punta, roma y plana, “patinaba” a veces en el pasto o bien se “clavaba”, ocasionando risueños derrapes infantiles y no pocas torceduras. Se solía decir incluso que si se utilizaban con demasiada frecuencia, la goma se ablandaba, y los tapones sobresalían hacia el interior… A fines de los 60 se trataron de modernizar, con una línea más parecida a las zapatillas de basket. Los tapones no estaban puestos de forma seriada, como en los profesionales, sino como tacos alternados, largos y cortos, suponiendo que así "cortaban" la corrida y aferraban mejor al pasto o al barro.
Se reemplazó la tradicional caja verde manzana, por otra más lisa y profesional, de color naranja, el color "pop", de moda en los 60. Se añadió una estrella con una pelota inscripta. 
Surge entonces su slogan radial, que se propalaba a veces en las canchas: Un gol de media cancha, con botines sacachispas...
También se intentó modificar el público destinatario, diciendo: Dése el gusto de jugar con tapones, dirigiéndose así a los más grandes. Pero Los Sacachispas estaban ya muy vinculados con el deporte barrial infantil, con el potrero y los pelotazos en la vereda o el patio. Los chicos esperaban, a los cinco o seis años, el regalo de sus botines, generalmente de parte del padre fanático o el tío "canchero" y ya con barriga...
La difusión de este calzado tan popular atrajo, naturalmente, la competencia.
A principios de los 70, se empezaron a fabricar los Fulvencito, botines muy similares a los Sacachispas, al menos en su propósito. La fábrica Fulvence era ya bastante antigua, y por lo tanto poseía más experiencia en calzado profesional, a diferencia de Alpargatas. En los 70 eran ya una marca alternativa fuerte.
Los Fulvencito eran estéticamente más modernos, puesto que imitaban los botines profesionales, y en especial a los botines Adidas. Apostaban al contraste también, pero carecían de protección tobillera, y tenían tres tiras decorativas o “chevrones” invertidos, que en realidad poseen la (remota) función de impedir tajos en la tela al pelotear de costado. Tenían su boca acolchada, sumando comodidad.
Además, estaban hechos de cuerina de color negra o marrón, lo que le daba otra apariencia más moderna, profesional y seria, o sea, menos infantil.
Justo lo que buscan los chicos de todas las épocas: parecerse a los adultos.
Por supuesto, los bandos se dividieron, y aparecieron fanáticos de uno u otro producto.
Los usuarios de Los Saca argumentaban la resistencia de sus botines; los que calzaban Fulvencito, de la elegancia y modernidad de sus preferidos. Los bandos se separaron: por un lado estaban los “grasas”, que usaban Sacachispas, y jugaban en el barrio, en potreros y baldíos
Por el otro los “chetitos” que calzaban los Fulvencito y jugaban en un club...
Con la llegada de la importación, después de 1977, y con el entusiasmo del Mundial 78, se volvieron mucho más accesibles los botines profesionales.
Comenzó una demanda por el artículo original, importado, auspiciada por el dólar barato.
La industria nacional trabajaba para competir, pero era muy difícil. Todavía se recuerdan los botines Interminables y su publicidad de 1975, donde el Ratón Ayala (de forma algo pétrea) aseveraba que En Europa no se consiguen... tratando, desde la publicidad, de jerarquizar los comercialmente efimeros timbos como producto nacional.
Adidas sobre todo – pero también Topper - para esa época comenzó a difundirse en casas de deportes. Inicialmente se comercializaron zapatillas para todo uso. Las famosas Adidas New York se convirtieron en un artículo muy deseado; en las casas de deportes se vendían los modernísimos jogging (ropa para correr) y pelotas profesionales, como la Tango, la del Mundial 78. Los chicos comenzaron a desdeñar la pelota Pulpo de goma rayada roja y amarilla, y los más fanáticos aspiraban a la Número 5 del mundial.
Esas modificaciones comerciales hicieron que ya en los 80 la producción de Sacachispas cayera. Si bien no poseemos fechas precisas, a fines de los 80 ya eran un recuerdo grato de los jóvenes de ayer. Alpargatas ya no produjo sus Sacachispas.
Fulvence – empresa que fabricaba los Fulvencitos- continuó con una producción de calzado deportivo profesional y semi profesional. Los Fulvencito no se fabricaron más, siendo reemplazados por calzado deportivo Fulvence para niños, como un rubro menor, que reproduce directamente el calzado para adultos. No se produce un producto específico y diferente, sino una sola línea de productos que responde a las diferentes edades.
Hoy, se estudia relanzar los Fulvencito como una versión retro, o lo que es lo mismo, venderlos como una forma de consumo diferente.
Pero los Sacachispas no volvieron a ser usados como un calzado deportivo “inaugural”.
Este tipo de productos, que trataba de reemplazar en el consumo a otro producto – un botín profesional - dio muy buen resultado por mucho tiempo, casi tres décadas.
Con la masividad de la producción los reemplazos se configuraron como imitaciones burdas e innecesarias en la mentalidad del comprador moderno.
Gracias al cambio monetario, se podía alcanzar el producto original importado, y comprar una imitación comenzó a estar mal visto desde una perspectiva consumista.
Esta perspectiva implica que no se jugará bien si no se posee un equipo adecuado, elementos de calidad, de marca y auténticos. Independientemente de las cualidades deportivas del comprador, claro.
Hay una verdadera carrera "por lo que debe comprarse”, aunque a veces sea económicamente imposible para el bolsillo menos provisto.
Y hoy por desgracia muchos chicos también creen eso: que el talento reside en las cosas. Lo importante hoy es lo que se compra.  
Aunque el pibe sea un patadura.