LA HISTORIA NO ES EL PASADO, PORQUE TRANSCURRE HOY .
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lunes, 15 de febrero de 2010

OVALLE, SU LIBRETA Y EL ALMACEN

Una de las particularidades del comercio hasta mediados del siglo XX fue la libreta de almacenero. Se la llamaba también libreta de fiado o bien, La Libreta. El fiado era una cuestión de confianza. Todo el mundo conoce el cartel -ya famoso- en los almacenes, donde se aclaraba: Hoy no se fía, mañana sí.
En esta libreta, el almacenero iba anotando rubro por rubro lo que el cliente compraba, y él, a su vez, anotaba los mismos datos en un cuaderno, en general el monto de la compra total.
El cliente se llevaba la mercadería, prometiendo pagar apenas se presentase la ocasión.
Cuando se disponía de dinero, se abonaba, el almacenero sellaba la libreta con un sello de PAGADO y cancelaba la deuda en la libreta y el cuaderno. Listo.
Estas libretas son una rareza hoy en día, porque en general, una vez pagados todos los saldos, la libreta se tiraba. Ya no servía.
El Museo posee una, de tapas negras –habitual en este tipo de elementos- propiedad de un tal Idelfonso Ovalle.
No sabemos si es del barrio, aunque existió una familia Ovalle en la calle Humberto Primo. De todas maneras, este objeto es útil para conocer aspectos de la vida cotidiana del barrio, sea el de la Refinería o cualquier otro donde Ovalle haya vivido, porque la costumbre de la libreta estuvo bastante extendida en la Argentina.
Nos tomamos el trabajo de transcribir el listado de mercaderías comprado por Idelfonso.
La libreta abarca justo desde el 22 de agosto de 1928 hasta el 22 de julio de 1929, once meses, casi un año. Un total de 336 días. Quedan pocas dudas de la mercadería comprada, sobre todo puestos a descifrar una letra en lápiz no muy legible, dio como resultado un listado sin “huecos” ni dudas.
La estructura es de suma por página, lo que la hace cómoda para verificar lo que se va gastando, pero sin poder ver rápidamente los gastos del mes, cosa que tal vez a Ovalle no le interesaba, porque pagaba en fechas variables, probablemente según le ingresaba el dinero.

Podemos, mediante esta transcripción en una planilla informatizada, ordenar las compras de Ovalle, y así “meternos” de alguna manera en su vida privada, después de 82 años. Veamos algunas particularidades de su vida doméstica.
Idelfonso no compra todos los días. Compra vituallas para dos o tres; a veces pasan cuatro días, tal vez el lapsus se corresponde con los fines de semana y feriados.
La mercadería que compra es la habitual en los almacenes, no compra pan ni carne, tampoco verduras, que se venden en otros negocios.
Los consumos son casi normales para una familia. Tal vez el vino es un consumo mayor, puesto que Ovalle compró en esos 11 meses 525 litros de vino, a razón de 1,5 litros por día. (Una advertencia: antes de adjudicarle comportamientos alcohólicos, que no se evidencian en la planilla, podemos aventurar que tal vez eran varios en la familia, y que no necesariamente Ovalle consumía esa cantidad diaria de vino individualmente).
Otras mercaderías son abundantes en el consumo diario.
Idelfonso compra 230 gramos de bacalao por día, a razón de 2 kilos por cada compra, indicio de una dieta que podemos llamar... “española”.
Este consumo no puede darse solo, puesto que el pescados seco debe acompañarse con papas, porotos, garbanzos...
Probablemente la harina se haya usado para marinarlo, una vez desalado, escurrido y hervido.
Estas comidas, que ya se han perdido, se combinaron con otras, italianas o criollas, y el bacalao comenzó a perder importancia dado su relativo alto costo. Para los años 50 aún era una comida de cierto consumo, y ya en los 70 era un alimento ritual, exclusivo para Semana Santa. Para los años 80, sólo se lo podía comprar en comercios especiales, como el Almacén Pompeo.
Volviendo a Ovalle, el consumo tiene otras mercaderías importantes en su libreta de fiado.
La harina es otro rubro sobresaliente. Tal vez cocinaba su propio pan, porque compra la harina por bolsa.
No creemos que tuviera una panadería, ya que el consumo es de un escaso kilo y medio por día, comprando 1 bolsa de harina por mes. Y compró 10 kg. cuando “se quedó corto” una vez. Tal vez hacía "marineras" de pescado, tortas, empanadas, panes y galletas, aunque alguna vez se cansase y comprara... masitas dulces.
El afrechillo da la pauta que se fabricaba algún tipo de pan o bien Idelfonso tenía patos, gallinas o pollos.
Idelfonso compró 180 kilos, consumiendo 530 gramos diarios. Este producto –cáscara fina molida del trigo – se usaba para elaborar pan negro, o como un barato alimento de aves. La cantidad es suficiente para un gallinero urbano, barrial, habitual en el fondo de las casas para provisión diaria de carne de pollo y huevos.
Otra mercadería habitual es el azúcar.
Idelfonso compra de dos tipos, el azúcar molida y la refinada, a veces en de forma simultánea.
En esos 11 meses compró 89 kilos de azúcar molida, unos 260 gramos al día. Bastante, si se tiene en cuenta que es una azucarera completa. El azúcar refinada es otro consumo diferente; 30 kilos en un año, unos 90 gramos al día. Ese consumo indica tal vez una elaboración de postres o dulces. Es difícil un consumo muy grande de este producto a menos que haya tenido una familia numerosa .
La yerba refleja una costumbre de quien ya se ha afincado en el país; Ovalle compró 24 kilos de yerba en esos 11 meses, unos 70 gramos al día, suficientes para unas nueve o diez cebaduras completas, consumo habitual para una familia, donde tal vez dos o tres formen la ronda, dos veces al día. Una familia aún hoy consume en promedio dos kilos por mes, sobre todo si se bebe mate cocido, que aumentaba seguramente el gasto de yerba, hasta casi duplicarlo, lo que era muy habitual para desayunos y meriendas, combinado con pan, manteca, dulce casero o galletas.
Otra compra son los porotos, con escasos 10 gramos diarios, pero no consumidos diariamente; la manteca, a razón de 14 paquetes al año, sin saber el peso de cada paquete.
Son 16 los litros de kerosene los que compró, es muy poco combustible, seguramente usado sólo para iluminación.
Otros productos son el Relusol, un pulimento para vajilla similar al más actual Puloil, adquiriendo un tarro cada dos meses más o menos, o el café, comprando 15 tarros (más algo de café suelto) con un total de 15,5 kg o sea 46 gramos por día. Son varias cafeteras, dando la pauta de desayunos y meriendas para varios...
Estas pautas de consumo son útiles a la hora de ver cómo se alimentaba una familia en esa época.
Idelfonso gastó a razón de $ 2,10 por día en almacén.

No sabemos de que trabajaba, pero su salario era de unos 4 a 5 pesos diarios; unos 100 0 110 pesos mensuales, dependiendo del tipo de labor.
Las cancelaciones están acordes con esos ingresos, y Ovalle sólo excepcionalmente pagó $90, siendo los "pagado", en general, de 50, 60 o 70 pesos.
Esto da una pauta de la importancia de las compras, ya que habría que sumarle otras comidas, tal vez trasporte, y dejando de lado el alquiler, ya que al poser posiblemente gallinero, Ovalle tuviese casa propia.
Pero son conjeturas. La libreta no dice nada de eso.
Mirando las tablas que suministramos –considerar que agosto está incompleto- vemos que la economía doméstica es variada en el consumo. Incluso podemos ver algunas costumbres. 
En el caso del bacalao, en las compras aumentan durante el mes de la Semana Santa. Pareciera que Idelfonso es católico practicante, por su gran consumo en marzo y abril. O simplemente por la entrada del producto en gran cantidad y a mejor precio, porque a mediados de marzo, el bacalao baja de $1,1 a 0,90 el kilo.
Vemos entonces un alto consumo de vino, harinas y pescado seco. Productos como los fideos, el café, los porotos o el arroz, por ejemplo, no ocupan un lugar demasiado relevante en la dieta, y se compran esporádicamente.
La estación también parece que modifica el consumo. Por ejemplo, la compra de yerba tiene un máximo en octubre de 4,5 kilos y disminuye en diciembre a un mínimo de medio kilo. En dos ocasiones compró yerba marca Salus, que es algo más cara. Por lo demás, yerba "suelta", y el consumo se mantiene estable, con una excepciòn que veremos.
En general, hay un gasto creciente a inicios del año, pero en la tabla de abajo, vemos que se vino una "malaria" en noviembre, cuando el gasto es el más bajo del año (agosto no cuenta, porque está incompleto).

Y parece haber un "avituallamiento", un alza del consumo en octubre, con una gran compra de yerba, bacalao, harina... ¡como si Ovalle supiera la que se viene en noviembre! El monto del gasto "adelantado" es grande, estaría cercano al salario de un mes, lo que hubiese implicado un riesgo económico, si bien ese pago es atrasado.
Si vemos el consumo de ese mal noviembre, vemos que probablemente Ovalle gastó en almacen una exigua parte de lo que le quedaba del sueldo: un remanente de $20.
Si Idelfonso trabajara en la Refinería, el bajón se debería a la "baja estación " del azúcar: Ovalle en noviembre estaría desempleado y sin dinero.
Pero no lo sabemos.
Algo podemos deducir, siempre suponiendo una mala época: tal vez el alto consumo de yerba barata en ese mal noviembre sea para "sacarse el hambre", uso y cualidad tradicional del mate para épocas de crisis.
Hasta aquí, Ovalle.
Hay más, pero ahora del otro lado del mostrador.
Podemos ver que la pauta del almacenero es a veces “extraña”.
Siempre se equivoca. A favor de él, claro...
Exceptuando un solo caso, donde se equivocó claramente al sumar, siempre existen en las cuentas diferencias de 1, 2, 5 o 10 centavos de más, sobre todo cuando se cancela el saldo.
¿Costo del fiado o cosas del comercio?
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Aquí ponemos una chacarera.
La "Chacarera del 55" está dedicada al vino de ese precio, o sea, muy barato. Ovalle lo pagaba a 44 centavos, más barato aún, veinte años antes, claro. Y jamás hubiera comprado lo que se publicita aquí: quizás era demasiado caro para él.
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CHACARERA DEL 55
(hermanos Núñez)
Canta: Mercedes Sosa
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video

Del 55 es la chacarera,
que mordiendo sueños nos roba la noche entera..
Para los cantores, para los cocheros,
pa’ los quemadores que brotan en mostradores.
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Ha nací ´o pa’l grito de los guitarreros,
que venas de vino florezcan en los gargueros.
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Cuerpeando la noche, vuelve el ciego Pancho,
madurado a aloja que vuela desde una copla.
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Que me moje el vino que viene lento,
que me nombre el hombre que está contento,
que se saque todo el dolor de adentro.
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Soñador sin pena, arreador de olvido,
vino de ‘ta y cinco, emborrachador antiguo.
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Para el Chacho Díaz, para Maldonado,
seguidores churos de la noche enamorados.
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Ya me estoy solito, angustiando estrellas,
velando la macha sencilla de los que queman.
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Cántame borracho, róbame a tus sueños,
sosegame el vino, antes que me salga un dueño.
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Que me moje el vino que viene lento,
que me nombre el hombre que está contento,
que se saque todo el dolor de adentro.

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