LA HISTORIA NO ES EL PASADO, PORQUE TRANSCURRE HOY .
El Museo Itinerante del Barrio de la Refinería, las Jornadas de Cronistas e Historiadores Barriales y el Museo Virtual están declarados de Interés Cultural por la Secretaría de Cultura de la Municipalidad de Rosario y el Honorable Concejo Municipal.
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sábado, 12 de diciembre de 2009

UN INCIDENTE "RELIGIOSO"

El barrio a principios del siglo XX era considerado de forma… no positiva.
La condición humilde de muchos, el desarraigo y la obligada desocupación, por lo estacional de la producción, hacían del barrio Refinería un lugar que muchos consideraban peligroso.
Varios cronistas oscilan entre la laboriosidad y lo pintoresco del barrio, otros aluden a lo humorístico para burlarse cruelmente de las condiciones miserables de vida, suponiéndolas congénitas o bien culpa de los mismos vecinos. Los periodistas nunca se ponían en cuestión el sistema económico que le daba origen a tal estado de cosas, ya que “la larga mano del capitalismo” bien podía traer como consecuencia un juicio, o el cierre de la publicación por parte de la policía.
La religión era, en ese ambiente de pobreza, un problema para la iglesia católica. Dada la condición extranjera de muchos vecinos, con frecuencia éstos eran de religiones protestantes, evangélicas o directamente no creyentes. Hemos visto que Monseñor Boneo, desde Santa Fe fomentó la creación de iglesias en Rosario, una de ellas, Nuestra Señora del Perpetuo Socorro.
Pero otras religiones no dejaban de lado su activismo, y las iglesias evangélicas sobre todo, ya que poseen un fuerte carácter misional; a la derecha vemos un auto destinado a estas misiones pastorales. En ese tiempo crítico es cuando llega al barrio James Clifford.
En una biografía publicada por su hijo Alejandro, se halla una inapreciable fuente histórica que involucra al barrio. Todas las citas son de ese trabajo, titulado "Un hombre bueno". Las fotos son del blog de la Misión del Marinero.
Nacido en Escocia en 1876, criado en las durísimas condiciones de un barrio minero, este misionero (colporter), pariente indirecto de reyes escoceses, desembarcó en el barrio l
uego de un largo peregrinar por Argentina. La foto de arriba a la izquierda, que aparece publicada en la página web de la Misión del Marinero, lo muestra en los años 30, ya de cincuenta años largos y con una carrera importante en el evangelismo argentino.
Su grupo evangélico era el de los Open Brethren, los Hermanos Libres.
Por cierto que el trato a los trabajadores en la Refinería no debía ser tan malo como en las minas de carbón escocesas, pero por cierto el ambiente distaba de ser el pulcro salón de los señores rosarinos. Por ello, Jaime Clifford se sentía atraído por un socialismo humanista, probablemente a la Proudhon, algo semi religioso, declamatorio y bienintencionado, alejado casi diametralmente del socialismo europeo y el comunismo ruso, revolucionario y violento.
Su decisión de viajar a este país fue evangélica y a la vez, inspirada por ese vago socialismo, eco del laborismo inglés:
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“Alguien me ha preguntado por qué salgo para la Argentina. ¿No hay trabajo para los jóvenes en Inglaterra? Sin duda, pero entiendo que la necesidad es mucho mayor en la Argentina, pues allí los evangelistas son contados; y como la obra en Sudamérica es inmensamente grande, me ofrezco para servir a Cristo en ese país tan olvidado por la iglesia”.
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Luego de un peregrinar que abarcó Buenos Aires, Córdoba, Tucumán y hasta Bolivia, en 1899 llegó a Rosario.
La Misión del marinero era el centro de difusión de la religón con los recién llegados, dando amparo a los
extranjeros, sobre todo de religiones protestantes o evangélicas. Otro local estaba en calle Salta al 2300 (foto izquierda), relativamente cerca al barrio.
A los evangelistas se los denominaba “La Salvación”, vinculándoselos al Ejército de Salvación, (que en Italia se denominaba Essercito Di Salvezza), ya muy activo en el barrio.
Para Clifford, el barrio era “de los peores de Rosario”. El evangelista había traído, como es costumbre hasta hoy, una gran carpa, donde se predicaba en reuniones, y en servicios dominicales normales. La gente con frecuencia preguntaba, para saber si se congregarían: “¿Hay salvación esta noche?”.
El evangelista Federico Coleman (foto izquierda) describe las reuniones en esta anécdota:
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“Estaba con Nicolás Doorn, en la ciudad de Salta. Habían anunciado una serie de reuniones, y cuando iban a iniciarlas, la policía les pidió que las postergasen hasta después de las elecciones, a fin de evitar posibles disturbios. Los hermanos accedieron, pero fueron hasta el lugar de la carpa, ya que pensaba que quizá alguno se presentaría a la hora anunciada para la inauguración. Mientras estaban en la puerta, se presentó un campesino salteño que les preguntó cómo eran las reuniones evangélicas. Don Jaime lo hizo pasar adentro. Luego oró, cantó un himno, leyó unos versículos y los comentó brevemente, explicando el plan de la salvación. Todo lo hizo en muy pocos minutos, y una vez concluido le dijo al paisano: “Bueno, amigo; ya sabe cómo son las reuniones evangélicas”.
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Ya en Refinería, las reuniones se hicieron normalmente. No sabemos cuanto tiempo estuvo, pero parece que este tipo de servicios se hicieron una costumbre.
Entonces ocurrió algo que aparentemente era “normal” en el barrio: el robo.
Coleman cuenta en sus memorias el incidente “religioso”:
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“Durante esta campaña, la carpa estaba en el barrio Refinería, que en esos tiempos era uno de los peores de Rosario. Los hermanos Clifford y McCabe dormían en la carpa, y comían en casa de mi suegra, la señora de Spooner, distante unas quince cuadras. Una mañana los hermanos no aparecieron a la hora de costumbre y la señora Spooner, preocupada, fue a ver lo que pasaba. Al llegar a la carpa encontró a nuestros buenos hermanos en su ropa de dormir, pues ladrones les habían despojado de su ropa y de sus efectos. La señora volvió a casa en busca de ropa adecuada, y creo que la señora de Doorn (foto de la derecha), en ese tiempo una niñita muy joven, acompañó a la mamá ayudándole a llevar la ropa. ¡Cómo nos reíamos todos! Nada de lamentaciones, sino acción de gracias al Señor por su misericordia y cuidado”.
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Evidentemente, el good humor escocés y la creencia, habían ayudado a sobrellevar la pérdida. Sus connacionales lo ayudaron, sobre todo los que formaban parte de la Misión del Marinero.
¿Dónde ubicarían la carpa? Los espacios abiertos eran muchos en la Refinería. Más allá de la actual calle Falucho, seguramente se extendían quintas y baldíos, igualmente los terrenos ferroviarios -propiedad de ingleses también- ofrecían también amplios espacios libres.
Probablemente, aventuramos, y sin datos, se haya ubicado algo alejada de la Iglesia Anglicana, en el Barrio Inglés, puesto que la condición escocesa y evangélica de Clifford se oponía de alguna manera a la de la religión oficial inglesa. Clifford nunca menciona al párroco de esta iglesia, por lo que es dudosa su participación en las reuniones.
Clifford partió para Europa, directamente desde el puerto de Refinería, según sus escritos.
Esto es curioso, puesto que se trataba de un puerto de embarque de cereales, aunque no habría razón para que buques de pasajeros no amarraran en el embarcadero.
Los creyentes y vecinos decían “¡Se va La Salvación!”, lo que llenaría de orgullo a Clifford, aunque probablemente en muchos casos no se tratara mas que de un apodo barrial. Sin embargo, llegó a ser muy conocido por esas reuniones religiosas y sus sermones.
Luego de estar en Europa, Clifford retornó y su deseo de evangelizar en Rosario aparentemente sufrió un “enfriamiento”. En sus memorias dice:
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“Hacía demasiado frío para seguir con la carpa en Rosario, así que la llevamos a Tucumán. Le escribí a don Guillermo pidiendo su ayuda. Me contestó que me acompañaría con mucho gusto. ¡Qué bueno era don Guillermo! ¡Siempre listo para ayudar en todo!”
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Se trataba de Guillermo Payne, decano de la iglesia evangélica en Argentina. La cohesión grupal de los evangélicos era muy fuerte, más allá de las diferentes tendencias internas.
Luego de un viaje a Tucumán, Jaime Clifford se radica en Argentina, trayendo a su novia desde Inglaterra, para lo cual debió trabajar de marinero, nuevamente en Rosario.
Afincado definitivamente en Tucumán, siguió con su carrera religiosa, postulando constantemente una filosofía de la religión evangélica. Falleció en 1936.
Su memoria en el barrio se ha casi olvidado, juntándose difusamente su accionar con los diversos cultos evangélicos ingleses, y cierta vinculación con el bario inglés, por cierto muy poco documentada… Clifford tuvo que “sufrir” al barrio, y de él y su vinculación con Refinería, no queda nada más que esa anécdota.
Clifford era extremadamente pobre, y sobrevivía y viajaba gracias al impulso de sus connacionales y la venta de biblias. Tal vez por ello solamente sufrió la pérdida de su ropa, y nada más: no tenía nada para ser robado.
Probablemente, su condición religiosa militante y en algunos aspectos, socialista, más el conocimiento de las miserias de la gente, no lo haya llevado a enrolarse en la tribuna de los “críticos sociales”. Un comportamiento muy distinto al de los porteñísimos periodistas del Caras y Caretas, muy soberbios con la realidad del barrio Refinería, en el que había vivido.
Finalmente, James Clifford decía que los tiempos pasados no eran mejores, sino peores:
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“¡Cómo se equivocan los que hablan de los good old days! (los buenos tiempos de antes). Eran malos tiempos los de antes, cuando los trabajadores éramos tratados como animales. Los buenos tiempos son los de ahora”.
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Para una biografía de Jaime Clifford, la que sirvió de base a este post fue escrita por su hijo Alejandro Clifford y está archivada en:
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Una excelente historia del evangelismo rosarino, que incluye las fotos históricas usadas en este artículo, puede verse en la página de la Misión del Marinero:

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