LA HISTORIA NO ES EL PASADO, PORQUE TRANSCURRE HOY .
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miércoles, 20 de enero de 2010

UNA ESTANCIA DE PLOMO

Una de las colecciones más importantes del museo es una Estancia hecha completamente en plomo, dentro de la denominada Colección Platanía.
La Estancia o Granja, llamada "Don Fabiàn" era de la firma EG Toys, cuyo duelño, Enzo Giugiari (EG) quien era un inmigrante dedicado a la fabricaciòn de juguetes en materiales diversos. En la estancia se conjugan la madera, el terciado, el plomo en aleaciòn con estaño, el yeso, el aserrìn, hilo encerado y hojalata.   
Este juguete es un conjunto complejo de piezas, y consistía en un escenario, hecho de madera terciada, que se cubrió con aserrín teñido de verde encolado para simular pasto y colocar allí figuritas de plomo.
Sobre él se colocó un ranchito de madera, y este escenario servía para jugar “a los gauchos” con figuritas de metal de muchos tipos, formas e incluso escalas.
La estancia posee un par de árboles, una aguada, un aljibe, un horno de pan y un molino (con rueda de paletas, escalera, timón y bomba). Para la comida, un sulky trae a dos visitantes. Mientras, un gaucho abre una tranquera de plomo, desde arriba de su percherón, mientras que un porteador acarrea al hombro la valija de los recién llegados. Una mujer lava la ropa en cuclillas, mientras ve llegar a los forasteros.
Un gaucho y una china están bailando una zamba, al ritmo de un paisano que toca con guitarra y otro con un acordeón. Pequeños utensilios como pavas, baúles y baldes forman parte de las herramientas y menajes de la diminuta estancia. Unos chorizos se cocinan en la parrilla y un asado con cuero ya está a casi a punto...
Los animales son un rubro aparte y son la mayor parte de la "población" de la estancia.
Vacas, toros, terneros, bueyes, caballos, potrillos, pueblan la pequeña propiedad, junto a gallinas, gallos, cisnes, patos, patitos y pollitos minúsculos.
Todas las especies de animales domésticos se han representado: perros de varias razas (hay hasta un pequinés y un galgo), gatos y burros. No falta un toro fino, destinado seguramente a la Exposición Rural de Palermo.
Podemos estimar que la fecha del juguete ronda los años 50.
Consideramos interesante entonces analizar un poco las pautas de consumo de esos años, sucesivamente bajo el gobierno justicialista desde 1945 y luego militar desde 1955 hasta 1958.
Durante esos 10 años, hubo un auge de juguetes y artículos que sobreestimaban la figura mítica del gaucho y de lo “campero”.
Enfrentado a lo “extranjero” sobre todo lo norteamericano de la línea Disney, el peronismo de los 50 presentaba lo nacional como gauchesco a veces, como proletario otras. Los argentinos éramos "gauchos": nobles, francos, serviciales y sacrificados.
Comenzaron a fabricarse artículos para niños que explotaban esas características. las muñecas se vendían como pequeñas chinas, las mujeres del campo.
Juegos de mesa, como El Estanciero son de esa época. Claro que no se mencionaba que un estanciero era, precisamente, la imagen opuesta al gaucho, ya que estaba más vinculado a la odiada oligarquía que a los ranchitos rurales. Además, el juego mismo era una variante del Monopoly, juego norteamericano muy similar al Juego de la Oca.
Para las nenas, las mencionadas muñecas, maquinitas de coser o juegos de mate en aluminio eran regalos comunes.
Muchos otros objetos cotidianos de consumo llevaban marcas “criollas”, hoy reconocibles y casi míticas, como Flor de Ceibo, Nobleza Gaucha, Rastrojero, Pampero, Federal o Criollitas.
Era frecuente en las publicidades un gaucho fumando, tomando un aperitivo o algún remedio; o que una china cebara un cimarrón a la mañana, auspiciando la yerba Salus.
Además, se suponía que cada argentino era, en esencia, un gaucho hospitalario y desmedido en su solidaridad. A la ciudadanía en su conjunto se la representaba como “Juan Pueblo”, siempre perjudicado por el gobierno... anterior.
¿La imagen que se pretende? Los chicos deben entender que el país, como la estancia de juguete, “tiene de todo”. 
Hay un alarde de riqueza, coincidente con la idea de una Argentina fértil, poderosa, “con todos los climas”, una Argentina idealmente rural, pero en el fondo, social y políticamente y urbana.
Esta imagen de abundancia, propia de las clases medias, generó una población ansiosa de consumo, deseosa de cantidad.
La idealización de la imagen campera “abundante” es tal, que los juguetes, por su forma y cantidad, ya no caben todos en el escenario. Son demasiados, y a veces muy grandes en la proporción, o demasiado pequeños.
La manufactura del juguete, por otro lado, coincide con la semi industrialización del período entre los 40 y 60.
Un poco hecho a mano (el escenario es de madera encolada con aserrín pegado), y otro poco a máquina.
La estancia era un signo de un país semidesarrollado (o no desarrollado) industrialmente. Esta industrialización liviana abarcaba juguetes como éste, y también a los electrodomésticos y los transportes, que muchas veces estaban realizados en talleres estatales o barriales, sin demasiada eficiencia en la producción.
Con la llegada de juguetes baratos del extranjero, luego del gobierno peronista, en los años 60 la competencia a la industria nacional fue ya imparable.
Pero ya entrados los 60, los símbolos gauchescos para los juguetes estaban casi olvidados.
Estaban de moda los aviones a chorro, los autos hipermodernos, ciertos juguetes espaciales, los trenes. Las nenas jugaban a las muñecas, pero vestidas a la moda, incluso algunas "hablaban".  Aparecen los juguetes a pila, o los didácticos, como el ya célebre Cerebro Mágico.
Ya no habría gauchos de juguete. Los niños no jugaban a la estancia, sino a la guerra, con soldaditos nacionales, pero inspirados en la Segunda Guerra Mundial, en un militarismo de mesa falsamente heroico que los sucesivos gobiernos militares no se cansarían de apoyar.
La imagen del gaucho recién sería recuperada en 1978 –un poco pensando en los chicos, pero sobre todo en los adultos-  bajo un gobierno dictatorial, y auspiciando un mundial de fútbol. 
La imagen del "gauchito" estaba deformada por mil estereotipos juntos: un sombrero a la salteña, una fusta, pañuelo, botines  y la camiseta de la selección de fútbol. La dictadura construia su propia imagen. El juego sería otro, y menos inocente: los auténticos estancieros jugaban en terreno nuestro.

1 comentario:

Anónimo dijo...

ese juego es una maravilla, no lo pueden exponer en alguna muestra