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lunes, 15 de marzo de 2010

EL CONVENTILLO DE DALL´ORSO

Se suele tener una imagen estereotipada del conventillo. Piezas en serie, con un gran patio central, donde se funden las nacionalidades, en un Crisol de Razas armónico y sin conflictos ¿fue siempre así?
Dejando de lado idealismos, hay excepciones que demuestran que la realidad no es como uno la idealiza.
Dentro de los conventillos del barrio, tal vez uno de los más particulares (aunque todos lo son) es el de Manuel Dall´Orso. Arriba, puede verse el plano de la obra.

Construido por Diego Nesci, y ubicado en Gorriti 261, es un conventillo de transición.
No posee piezas con servicios comunes, pocos baños y un piletón para muchas familias. En este diseño de pasillo se introduce la idea de departamento o unidad habitacional. Ya no es la vieja idea de las piezas, sino de unidades autónomas, independientes unas de otras, vinculadas no por los servicios, sino por la circulación para ir a cada departamento.
Esta forma especial de vivir, en casas y no en habitaciones, es un paso intermedio para la vivienda propia individual.
Luego este conventillo se dividió en propiedades individuales, compradas al dueño original, pero que en un comienzo constaba de un doble pasillo central o corredor, dividido en dos por un larguísimo tapial, que separa dos conjuntos de departamentos.
Cada pasillo, con su local comercial tiene un frente distinto. La razón de este diseño lo ignoramos, tal vez para reforzar la idea de vivienda individual, separando el conjunto en grupos más chicos.
Nesci diseñó el conventillo para que cada departamento (cada casa) tuviera sus servicios mínimos, reducidos a una cocinita y baño, si bien separado de las habitaciones. Cada departamento se vincula al pasillo por una sola puerta, que empieza a identificarse con una familia. Una puerta, un apellido.
Nesci agrupó simétricamente las habitaciones, dos por departamento. Un habitación serviría de dormitorio, la otra de comedor.
Estas unidades, 12 en total, poseen al frente salones comerciales, accesibles desde los primeros departamentos. Al fondo, dos departamentos cierran el conjunto, pero Nesci ha construido una batería de baños públicos y cocina común, ignoramos con que fin, puesto que cada departamento posee su cocina y su baño. Tal vez para clientes de los locales, presumiblemente bar y almacén al frente.
¿Quién era Manuel Dall´Orso?

Dejando de lado las leyendas y mitos sobre su supuesta pertenencia a la mafia –por otro lado no comprobables- y su innegable italianidad, don Manuel es un inversionista diferente. Muchas versiones lo describen como adinerado y generoso, regalando monedas a los chicos lanzándolas al aire, en la calle. La foto lo pinta de sobretodo y bombín, con una estampa rigurosa de italiano pudiente, muy lejos de los obreros de faja a la cintura, alpargatas y gorra de tela.
Como empresario, Dall´Orso propone una habitación distinta a la emergente de la pieza, porque este tipo de habitación supone una mayor estabilidad.La habitabilidad es mejor, y suponemos que alquilar estas casas indica un anclaje al barrio, porque la pieza en algún momento se torna insuficiente para una prole crecida en edad y número.
Esta forma de vivienda supone una forma de vida diferente a la del conventillo de piezas. Aparece una forma de vida que el conventillo no permite; la vida privada de la clase media en formación.Esta forma de vida implica que debe existir una esfera pública (la calle, la vereda) y otra esfera privada (la casa). Estas dos esferas poseen una membrana infranqueable: la puerta de calle. El pasillo es el ámbito semipúblico, lugar donde saludarse y conversar, donde intercambiar información y seguramente donde los chicos juegan. Basta entar en la casa para entrar en el reino de lo privado y por lo tanto, de lo oculto, lo que no debe verse. El inquilino o el dueño podrán decir: "lo que hago en mi casa es cosa mía".
Cada habitante posee la llave de su puerta, y la privacidad queda detrás de su tapial. Aquí al lado vemos la "unidad locativa" mínima.
Con este tipo de habitación, se rompe lo que dice Bialet Massé:

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“yo estimo que cada conventillo es una cadena que se ata á la libertad humana, una ratonera que se arma al pudor y á la virtud del pueblo, un dogal á su progreso y redención” (Informe sobre el estado de las clases trabajadoras en el interior de la República, Tomo II, Cap. XI, 1904.)
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Esta nueva forma de vida se contrapone tanto a la del conventillo como a la de la casa de lata. Ambas fueron muy criticadas por el periodismo de la época, y en general por la intelectualidad “progresista”, incluso burlándose de la promiscuidad que suponía la convivencia inmediata.
El departamento, en cambio, fue un tipo de vivienda específico, con modos de vida específicos también.

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Aquí al lado mostramos un esquema simple del departamento: el grupo familiar (1) en el comedor de simple mobiliario, con una mesa, cuatro sillas, tal vez un aparador (2). En el dormitorio la cama matrimonial (3) y dos camas chicas (4). La cocina se reduce a un fogón con mesada de madera cruda (5), y el baño a un inodoro de pozo o "a la turca". Un ropero (7) podía ser un mueble más o menos común en esos tiempos.
En esta vida austera, lo poco disponible había que guardarlo, protegerlo, desde las pertenencias hasta los hijos. Se esconden los rituales íntimos, las discusiones, los gestos de cariño o de enojo, y también la violencia. Aparecen las puertas, las cortinas, las celosías, el silencio obligado frente a la voz algo fuerte del jefe o la jefa de la casa, o al sonido de las risas o del llanto.
Por otro lado, los chismes, las habladurías empiezan a buscar la transparencia de los muros y si antes la vida de cada familia estaba atrás de una puerta necesariamente abierta, ahora esa puerta estaba casi siempre cerrada.

Esto implicaba un tipo de control social diferente, puesto que la vida privada de los otros inevitablemente... se imaginaba en base a lo poco que se filtra.
Los chismes son intuiciones, sospechas, difamaciones. Sirven para controlar los desmadres de la vida privada, a pesar de las paredes, que siempre resultarán demasiado bajas y demasiado delgadas para los habitantes del departamento mínimo que alquilan para vivir y protegerse.
La casa ha llegado para resguardar la vida, en un sentido amplio del término. Las casas a partir de ahora serán fortalezas infranqueables del sujeto y su familia, lugres reservados e inviolables, que generarán el deseo de posesión y de control sobre lo propio. Ha llegado el siglo XX al barrio.
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Dejamos un videito donde Rivero describe la vida en un consorcio... para luego querer volver al conventillo.
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Milonga del Consorcio
Letra y música : Jorge Serrano y Arturo de la Torre
Canta: Edmundo Rivero
video
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Yo nací en un conventillo
De la calle Olavarría...
después me mudé a un consorcio,
pa´ figurar en la guía.
Si supieras, mamma mía,
qué palomar es mi vida,
reuniones todos los días
por agua caliente o fría:
se formó una comisión
pa´ broncar en portería.

Hay alfombra colorada
los sábados y domingos.
El que administra es un gringo
que nunca pone la cara.
Gomeros, plantas, macetas,
piolín y ropa colgada,
y un perrito pekinés
que ladra de madrugada,
al loro del tercer piso
que silba alguna tonada.

Hay que astillar al portero
pa´ que entre proveeduría,
el almacén, el sodero,
también la tintorería.
Se rompen las cañerías,
hy humedá en la paré,
la caldera, el ascensor...
Hace un mes que no gatillan,
y el portero llama a un quía
que es técnico en no sé qué.

Por figurar en la guía
me mudé de Olavarría,
a una calle del trocén.
Dejé el viejo conventillo,
cambié balcón por altillo,
todo por darme chiqué.
Ya ves hermano por qué
otra vez yo volvería,
a mi viejo conventillo...
de la calle Olavarría.

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