LA HISTORIA NO ES EL PASADO, PORQUE TRANSCURRE HOY .
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miércoles, 26 de febrero de 2014

LOS SOLDADITOS "SCHNEIDER"

Uno de los objetos más comunes en nuestro museo son los soldaditos.
De metal o de plástico, los soldados de plomo han sido un juguete hoy casi en desuso, pero favorito durante casi un siglo. Las historias de la fabricación y consumo de soldados de plomo abundan en internet, pero hay unos soldaditos en particular que se encuentran con mucha frecuencia en anticuarios y otros museos.
Estos son planos, con bases en forma de un hexágono alargado y son interesantes por la historia que poseen.
Aviso de Schneider, c.1938
A comienzos del siglo XX, los soldaditos de plomo eran bastante comunes, aunque casi siempre  importados, sobre todo europeos. Probablemente viajantes al exterior, sobre todo a Francia e Inglaterra, los traían en cierta cantidad. Las marcas más frecuentes eran Britain y Mignot, que representaban los ejércitos de todo el mundo, además de boy-scouts, animales y plantas para fabricar escenas de combate o aventuras.
La condición de importado, hacía que el soldadito de plomo fuera consumido por niños de clases medias, que para las décadas de 1900- a 1930 eran una minoría, ya que Argentina era un país en crecimiento, con un gran aporte migratorio. 
Esto significaba una clase proletaria demográficamente importante, pero con salarios bajos. Un soldadito de plomo era un bien no de lujo, pero sí de costoso frente a juguetes caseros o muy baratos. Los testimonios de hombres ya octogenarios nos hablan de soldaditos de chapa o de pasta,  pero debemos tener en cuenta que su niñez abarcó los años 40, con una industria nacional en marcha.
Propaganda de Schneider, c. 1938
De todas formas, tener una "tropa" más o menos numerosa era costoso también, en Argentina o en Europa. Las cajas de Mignot eran atractivas, pero tenían un número limitado a cinco o diez unidades.
Probablemente frente a ese costo, la empresa de los Hermanos Schnneider empezaron a fabricar, por los años 20, moldes de metal resistente, para poder fabricar en casa cientos de soldados.
Esta firma hizo cientos de moldes de hierro  o aluminio, desde 1903 a 1938, cuando debido a la Segunda guerra Mundial debió cesar en su producción, dedicándose a la fabricación de hebillas de cinturón y medallas para las tropas alemanas, algunas de ellas muy conocidas. Hubo firmas también alemanas, como Menna y J-Deal, en base a estos moldes fabricaron soldaditos ya terminados, en cajas por lo general con imágenes atractivas en la tapa.
Aparentemente, en Argentina estos moldes Schneider también fueron introducidos, ya que son muy comunes soldaditos planos, cañones e indios norteamericanos que son claramente resultado de fundir metal y colarlo en estos antiguos moldes. También se han visto estos soldaditos con trajes y banderas de Chile  y México en esos países americanos. El italiano Silvio Poletti fundió soldaditos con estos moldes en Valparaíso, por ejemplo, a partir de 1936.
Cañones de molde Schneider, 1941 y 1990.
Museo Itinerante del Barrio de la Refinería
Es probable que estos moldes fueron traídos a nuestro país para solventar la carencia de soldados nacionales, buscados por una clase media ya poderosa, tanto en lo social como lo económico y político. Las pautas de consumo, cambiando cada vez más aceleradamente, originó a partir de los años 40 una industria del soldadito importante, con firmas famosas, como  luego serían Mambrú, Metralla o EG Toys. Las revistas de época -como Billiken- publicitan juguetes de todo tipo, para consumo de las clases medias, sumándose el prestigio de lo militar como institución. De allí que los soldaditos figuraran cadetes, soldados de infantería, marina, caballería y hasta policías de calle. Luego se sumarían cowboys e indios y un sinnúmero de figuritas de animales. 
Molde Schneider completo
Para los años 60 a 70, una nueva tanda de importaciones hizo que la industria nacional de estos juguetes cayera en una lenta decadencia. Resultaba dificultoso competir con la alta calidad de los soldados Britains o Timpo, a pesar del alto precio de estos juguetes. 
Los empresarios argentinos no fueron muy innovadores, limitándose a copiar una y otra vez los soldaditos -los ingleses sobre todo- para abaratarlos, pero con una calidad cada vez menor y con moldes cada vez mas gastados. 
Los padres, de este modo, podían comprar o grandes cantidades de soldaditos de pésima factura en un kiosco. O dos o tres, más caros y atractivos, en la Juguetería Pinocho de calle Córdoba. 
Agotado el producto como "vendible" en kioscos y librerías, los soldaditos argentinos pasaron a ser piezas de coleccionistas eruditos y los moldes Schneider aún disponibles entraron en la condición de antigüedad más o menos atractiva y sobre todo utilizable, dado el metal de gran calidad.
Indio cherokee, molde Schneider.
Colección Museo Itinerante
del Barrio de la Refinería
Los moldes, de metal duro -duraluminio o antimonio- poseían un mango y una prensa de acero de manera de sujetar las dos mitades del molde entre sí. Fundiendo la aleación de estaño y plomo en la hornalla de una cocina o en un mechero Bunsen, el metal líquido se colaba por un agujero en la parte superior. Para facilitar el desmolde, se le solía echar talco, antes de colar el metal. Una vez frío se desmoldaba.
Las bases de los soldaditos (rectangulares en el molde) solían ser hexagonales, dado que, para aprovechar al máximo la aleación, se le recortaban las esquinas al sacar la pieza del molde. 
Esta técnica, como se verá, es para un consumidor de clase media urbana: se necesita un suministro "parejo" de calor, como el gas, de modo que al menos para Buenos Aires, este tipo de fabricación casera debió comenzar, más o menos, a fines de los años 30, ay que el gas estuvo disponible en forma masiva para esa época. 
Los moldes, una vez establecida firmemente la industria nacional, con una oferta importante productos terminados, debieron caer en desuso, para ser rescatados por anticuarios y coleccionistas, que les dieron un nuevo uso.
Tropas "argentinas" Schneider.
Colección Museo Itinerante 
del Barrio de la Refinería
De este modo, no es raro hallar soldaditos para pintar fundidos en reluciente estaño, fabricados recientemente aunque con una moldería añosa. 
Los que hemos detectado son tropas francesas o prusianas en combate, árboles, soldados alemanes con banderas o radio, jinetes del tipo húsar, un cañón plano con ruedas de rayos y un indio cherokee a caballo, revólver en mano. El Museo posee varios ejemplares de factura moderna, o sea copias actuales, y una colección incompleta de tropas pintadas con banderas argentinas, con cascos dorados y color verde claro para el uniforme, todo de fantasía, ya que no coincide con los uniformes históricamente auténticos. 
Los soldados hechos en casa constituyeron, aparentemente, una forma práctica de eludir el costo de las unidades importadas. 
De acuerdo a precios de 1930, una caja de 10 soldaditos importados costaba unos 3 pesos, y un traje costaba 120 pesos. Rápidamente, podemos calcular que cada soldadito individual, en proporción con un traje para la oficina, hoy costaría unos 3 pesos actuales. Se justifica así disponer de varios moldes para poder fabricar grandes cantidades de soldados. 
Esta diferencia entre la industrialización argentina y su contraparte europea, implica que los objetos de museo (en realidad, todos los objetos) por detrás de su apariencia inocua o o sobreentendida, a veces ocultan historias que abarcan cuestiones que han marcado y aún definen nuestro presente.
Curiosamente, Schneider nunca fabricó soldaditos. 

2 comentarios:

Horacio Daverio dijo...

tengo interes en saber cuanto puede valer un molde para soldadito de metal schneider como el que esta en la nota. Gracias.

Luis Palou dijo...

tengo aproximadamente unos 100 moldes shneider y tengo repetidos, algunos de ustedes me puede informar del costo de estos moldes, si alguien se interesa en moldes o figuritas les dejo mis datos:
Luis Palou Junco
palou_junco@hotmail.com
País. Mexico.